Fernando Garrido, un socialista utópico olvidado

Francisco Javier Salmerón Giménez

Los republicanos federales murcianos publicaron desde 1870 un periódico que se convertiría en su órgano de expresión. El título elegido fue ‘El Obrero’, lo que en sí mismo explica en buena medida su orientación. También pueden sernos de ayuda los lemas que acompañaban en la cabecera del periódico al expresado título: Guerra a la tiranía. Paso a la República Federal. Y Guerra al oscurantismo. Paso a la instrucción y al trabajo”. Sus primeros objetivos serían, así, la consecución de la República Federal, como sinónimo de democracia y el apoyo a la educación y la defensa de los trabajadores.

En su número 2 ofrecieron un interesante artículo firmado por F.G., iniciales que muy probablemente correspondan al nombre de Fernando Garrido, destacado pensador cartagenero.

Fernando Garrido y Tortosa nació en Cartagena en 1821 en el seno de una familia liberal e ilustrada, aunque se trasladó a Cádiz en 1839 y mantuvo desde entonces escaso contacto con su ciudad natal. En aquella ciudad tuvo contacto con las ideas socialistas en tertulias donde se explicaban las teorías de Fourier, Saint-Simon y Owen, principales teóricos del conocido como socialismo utópico.

Se considera que el socialismo utópico es la base sobre la que posteriormente se desarrollaría el pensamiento socialista. Su origen está liderado por el padre fundador del movimiento, Henri Saint-Simon. Más tarde, otros autores como Charles Fourier, con los falansterios, Robert Owen con el socialismo cooperativo o incluso Étienne Cabet fueron completando dicho concepto.

El nuevo traslado a Madrid de Garrido sería el comienzo de una etapa agitada que coincidió con la publicación, en 1847, de un periódico fouerista titulado La Atracción, del que era a la vez director y repartidor. Era el primero de carácter socialista publicado en España y no superó los tres meses de existencia, pero le sirvió para entrar en contacto con otras personas preocupadas por los problemas sociales y partidarios de la República, como José Ordax y Sixto Cámara, con quienes formó un grupo organizado, una sociedad propagandística de los principios democrático-sociales que se encargara de difundirlos.

En 1848 publicó La organización del Trabajo, periódico que contribuyó a engrosar el grupo republicano-socialista que se había constituido en sociedad secreta y que difundió las teorías sociales de Saint-Simon, Proudhon y Luis Blanc. Participaría activamente en la política española de los años siguientes, lo que incluyó el proceso fundacional del Partido Demócrata.

En el artículo que abría el segundo número de ‘El Obrero’, el autor entendía que el partido republicano venía a llevar la justicia al taller del obrero y a la choza del pastor. A llevarles a éstos la justicia y el derecho al trabajo.

Y aunque argumentaba que las mujeres eran reaccionarias en general, porque en ellas predominaba el sentimiento, mientras los hombres más o menos eran guiados por la razón, criticó la subordinación de la mujer respecto al hombre, a la que presuponía una igualdad en todas las funciones sociales. Siguiendo a Fourier, encontraba las causas de la postergación femenina en la educación que las mujeres recibían y en el papel que les reservaba la sociedad.

Cuando la policía descubrió que Fernando Garrido lideraba una sociedad secreta conocida como Los Hijos del Pueblo lo detuvo, siendo condenado a catorce meses de prisión en una cárcel de Madrid, al cabo de los cuales fue obligado a expatriarse.

Primero se estableció en París, y luego fijó su residencia en Londres, donde conoció a los exiliados de la revolución europea de 1848, con los que formó el Comité Central Democrático Europeo, representando a España. A finales de 1853 se trasladó a Bayona, donde entró en contacto con los círculos revolucionarios que preparaban el levantamiento del año siguiente. Llegó a Madrid en julio de 1854, en plena revolución, y junto a su amigo Ignacio Cervera publicó El Eco de las Barricadas, que alcanzó 24 números, aunque la mayoría fueron recogidos por la autoridad. Su contenido provocó que se acumularan catorce procesos contra Garrido.

Volvería a España en tantas ocasiones como fue expulsado, dependiendo de cada momento histórico. La última vez en 1879, publicando el folleto La Cooperación, acerca de las sociedades cooperativas, y la obra histórica La Restauración teocrática.

Falleció en Córdoba en mayo de 1883.