Salvar su matrimonio

Toñy Benedicto

Pilar y Mariana dos chicas amigas desde la infancia, eran vecinas y compañeras de colegio y cuando se hicieron mayores tuvieron la suerte de conocer a dos chicos amigos también entre ellos y de los que se enamoraron locamente. Desde el primer día siempre fueron juntos a todas partes, de paseo, al cine, al teatro, a tomar unas cervezas e incluso se casaron con unos días de diferencia y se fueron de viaje de novios juntos.

Tanta era su amistad que parecían hermanas. Su vida familiar se fue desarrollando de una forma paralela. Sus maridos trabajaban mientras que ellas se quedaban en el hogar y ejercían de amas de casa.

Poco a poco comenzaron a llegar los hijos y como eran otros tiempos tuvieron cada una cinco hijos a los que cuidaban amorosamente. La vida transcurría lenta y plácidamente. Al ser familia numerosa, necesitaron una ayuda en casa y las dos tenían una mujer que iba todos los días para hacer los trabajos cotidianos de la casa como limpiar, lavar, planchar, incluso a veces ayudaban a la hora del baño de los niños.

Los maridos se acostumbraron a ir solos a tomar sus aperitivos diarios, al mediodía y por la noche. Los fines de semana también solían salir solos, pues al tener tantas criaturas eran demasiados a la hora de consumir y aquello, según decían no podían permitírselo.

La vida fue pasando de forma monótona y aburrida para ellas. Sus hijos crecieron y se hicieron mayores y comenzaron a marcharse de casa para hacer sus estudios y al terminarlos fueron encontrando un trabajo adecuado a esos estudios o formación para el que se habían preparado mientras que las chicas aprendieron a bordar para hacerse los ajuares, cocinar, limpiar y un poco de economía doméstica y siguiendo la costumbre de la época estaban en condiciones de ser unas muy buenas amas de casa igual que sus mamás.

Llegó un momento en el que se echaron novias y novios y, según iban consiguiendo sus objetivos se casaron por la iglesia, como dios manda. Tuvieron hijos que colmaron de felicidad a sus padres al convertirse en abuelos. De vez en cuando visitaban a sus padres y les dejaban a los nietos durante los fines de semana, cuando ellos se marchaban con los amigos de viaje.

Paralelamente mientras todo eso ocurría, por un lado, las abuelas cuidaban de sus nietos que según iban haciéndose mayores ya no pasaban los fines de semana con ellas y los maridos, ya jubilados, continuaban con su costumbre de salir solos todos los días e incluso los fines de semana y volvían con unas borracheras tan grandes que, al llegar a casa se tiraban a la cama como si de una piscina se tratara y de nuevo llegó un momento en el que Pilar y Mariana se dieron cuenta de que se habían quedado solas y que deberían hacer algo si querían seguir siendo felices hasta el final de sus días.

Ya no tenían tanto trabajo en la casa y comenzaron a observar la realidad con otros ojos y entonces urdieron un plan, saldrían con sus maridos y harían lo mismo que ellos. Saldrían de paseo juntos, beberían, se emborracharían y si ellos dormían, ellas también dormirían.

Esa forma de actuar gustó mucho a los maridos quienes aceptaron de buen grado la iniciativa y a partir de ese momento los fines de semana se marchaban de bares los cuatro amigos juntos, se emborrachaban y continuaban la juerga hasta primeras horas del día siguiente.

Aquello extrañó mucho a los vecinos que no dudaron en preguntar. La respuesta no se hizo esperar y fue impactante —mi marido se emborracha, vuelve a casa y pasa el tiempo durmiendo y yo me quedo sola, por eso he decidido que, si él se emborracha yo también lo haré. Si él duerme yo también dormiré. De esa forma estaremos los dos siempre juntos. Esta es la única manera de llevarnos bien y que nuestro matrimonio dure toda la vida.