¿Por qué Ciudadanos?

FIRMA: Antonio Salmerón, coordinador de Ciudadanos en Cieza

Porque ya está bien de soportar un bipartidismo de mayorías absolutas que han propiciado que, tanto el PP como el PSOE, hayan sido una agencia de colocación para ‘los suyos’ y el caldo de cultivo perfecto para que prolifere una corrupción endémica; ese saqueo inmisericorde de las arcas públicas que ha colocado a España en lo más alto del ranking del pillaje y la sinvergonzonería.

¿O vamos a volver a confiar en quienes han amparado a esos indecentes que no han tenido ningún empacho ni escrúpulo en enriquecerse con el dinero de los contribuyentes? O despilfarrarlo a manos llenas en prostíbulos, juego, drogas, etc…

No se puede caer más bajo. Es hora de reaccionar.

De reaccionar contra esas ‘Cajas B’, ‘sobres’ y dinero negro que son, como mínimo, el símbolo de la inmoralidad de partidos que se dicen de ‘Estado’, pero que, en la práctica, el único estado que parece preocuparles es el de sus propias arcas y las finanzas de sus allegados y clientes.

De reaccionar también contra una clase dirigente cuyo único mérito, en la mayoría de los casos, es su pertenencia y su ‘adhesión inquebrantable’ al partido y al líder de turno. Que no han dado palo al agua en su vida (permítanme el vulgarismo), que sin haber contribuido jamás, ni con un solo euro de cotización, ni con un solo día de experiencia en la gestión, pretenden administrarnos a su libre albedrío. Y así nos va…

De reaccionar enérgicamente contra quienes fían la gobernabilidad de España en aquellos a los que se les llena la boca diciendo que España les importa un comino. Y no, no es solo palabrería grandilocuente y hueca, pues su anti-españolismo lo tienen sobradamente demostrado: separatistas de golpe de Estado, filo-etarras que homenajean a asesinos, nacionalistas a los que solo les interesa el bienestar de su parroquia… Y ‘la cosa’ viene de lejos, pues los ‘molt honorables presidents’ y los lehendakaris de turno hace ya tiempo que son los árbitros de la política del Estado y han puesto de rodillas al PP y al PSOE mendigando su apoyo para mantenerse en el poder.

Y contra ese populismo barato, fabricado en los laboratorios de los señoritos marxistas, que dijeron venir a la política para solucionar todos los problemas de las clases más humildes y desfavorecidas, haciendo alarde de la más burda demagogia, con las promesas más peregrinas, pero que tanto llegaron a ilusionar y esperanzar a muchos españoles (¿hace falta recordar que prometieron hasta la luna? ¿Que ellos serían capaces de solucionar la pobreza energética de un plumazo?).

No quiero yo ahora pecar de demagogo también, pero siendo un poco mal pensado, y, visto lo visto, parece que alguno de estos (o varios) vino (vinieron) para solucionar su propia vida y ‘colocarse’ con un estatus inimaginable para un oscuro auxiliar de cátedra o simple becario sin ninguna experiencia.

Pero… sigamos:

Reaccionar contra los inmorales que se aprovecharon de su situación de privilegio para acceder a la vacuna contra la pandemia sin tener en cuenta que esas primeras dosis estaban destinadas a proteger a los más vulnerables por edad o enfermedad. ¡Sálveme yo y los míos y húndase el mundo! ¡¿Habrase visto cosa más rastrera, mayor desprecio y falta de empatía?! No, no se puede ser más inmoral, vil y desalmado.

Y esos, queridos amigos, con ese bagaje, son los que nos gobiernan y pretender seguir haciéndolo, campando a sus anchas, como amos del cortijo, señores de vidas y haciendas.

Y ¿por qué Ciudadanos?

Porque hoy son más necesarios que nunca un cortafuegos contra el separatismo disgregador, un antídoto de sentido común contra el populismo y la demagogia, un férreo y eficaz ‘in vigilando’ contra el nepotismo, el amiguismo, las corruptelas, el clientelismo: esos ‘casos aislados’ que siguen proliferando como hongos al amor de la más abyecta y viscosa humedad de la CORRUPCIÓN, del ‘todo vale’ si es mi provecho…

Porque Ciudadanos ya no es una vaga promesa, sino una firme realidad de eficaz gestión demostrada allí donde ha gobernado y gobierna, con soluciones de hoy para los problemas de hoy, sin atavismos anacrónicos de salva-patrias e iluminados.

Porque el liberalismo (el de verdad) es garante de libertad, prosperidad y progreso, de los que andamos bastante escasos y muy necesitados.

Y si esos medios de comunicación, esclavos de subvenciones, y sus ‘sabelotodo’ opinadores de todo lo divino y humano (plaga de estómagos agradecidos) no quieren o no pueden ver esta realidad, siempre nos quedará el sentido crítico del ciudadano de a pie, capaz de pensar por sí mismo y reconocer el mérito y la eficacia donde la hay.

Un saludo, ciudadanos.

P.S. Aviso a navegantes: Absténgase sinvergüenzas y marrulleros de cualquier calaña, pues, para Vds., Ciudadanos siempre será un socio incómodo.