El original corte de pelo

Toñy Benedicto

Felipe era un barbero muy conocido en su pueblo. Desde bien pequeño, tendría alrededor de ocho años, sus padres decidieron que fuese todas las tardes a una barbería que estaba al lado de su casa. El objetivo era que no anduviese por la calle ‘apedreando perros’, expresión muy usada en la época para decir que los niños siempre estaban en la calle jugando y corriendo de aquí para allá.

El trabajo en la barbería no incomodaba a Felipe, al contrario, le agradaba porque se distraía con las historias de los tiempos antiguos que le contaban los parroquianos cuando estaban esperando su turno para el afeitado. Algunos incluso le repasaban las lecciones del colegio, otros le preguntaban las tablas de multiplicar y había quien le pedía que le leyera el periódico en voz alta para ver si leía bien y si se equivocaba, poder corregirle.

Felipe era tan pequeño que a los señores que acudían a la barbería les hacía gracia su desenvoltura y habilidad por lo que enseguida le tomaban cariño.

Los sábados por la tarde los clientes que iban a la barbería eran aquellos que trabajaban diariamente hasta muy tarde y solían ser albañiles y agricultores que no podían hacerlo durante la semana porque terminaban su jornada laboral muy tarde. Ese día iban directamente desde su puesto de trabajo hasta la barbería sin pasar por su casa, razón por la que llevaban barbas de una semana que solían estar llenas de tierra y en ocasiones muy duras.

El trabajo de Felipe consistía en que durante unos pocos minutos antes de que el maestro barbero procediera al afeitado, debía dar unas pasadas por la cara del cliente con una brocha mojada en agua templada y jabón hasta conseguir que el pelo de la cara estuviese lo suficientemente blandito como para que el maestro barbero pudiera pasar la navaja de afeitar sin hacer daño al señor. A este ritual se le llamaba ‘dar brocha’…

Debido a su pequeña estatura le ponían un cajón para que, subido en él, pudiera llegar a la altura de la cara del cliente.

Con el tiempo fue aprendiendo la técnica del afeitado y la del recorte de las barbas, pero no así la técnica de un buen corte de pelo, pues como era muy nervioso, con dos o tres tijeretazos por aquí y por allá, consideraba que el cliente ya estaba pelado.

Cuando algún cliente se aventuraba y dejaba que Felipe le cortara el pelo lo normal era que se marchara con más de un trasquilón. Sin embargo, demostró tener una gran imaginación a la hora de elegir el nombre para cada corte de pelo a cuál más ingenioso.

En una ocasión llegó un cliente nuevo que tenía un pelo muy fuerte y con muchos remolinos. El maestro barbero animó a Felipe para que fuera él quien le arreglara el pelo a ese señor, quería saber si había aprendido las técnicas que le había enseñado. Felipe ni corto ni perezoso le puso un peinador por encima de los hombros para no llenarle de pelos la camisa y sin más preámbulos agarró las tijeras y comenzó a cortar sin orden ni concierto. Como vio que llevaba el pelo del flequillo muy largo, agarró un mechón y luego otro y los cortó sin medida ni paralelismo entre ellos.

Después tomó la maquinilla de pelar y comenzó a pasarla por la cabeza de forma descontrolada. Cuando consideró que ya había concluido el trabajo, le removió un poco el pelo con los dedos y lo dio por finalizado.

Felipe muy orgulloso del trabajo realizado, ofreció un espejito redondo con un mango a su cliente para que, moviendo la cabeza un poco consiguiera ver cómo había quedado su corte de pelo por detrás.

Fue un espectáculo ver la cara del señor cuando observó que por arriba caían dos mechones separados a ambos lados de la frente mientras que por detrás parecía que llevaba una boina.

Tras esa visión respiró profundamente. Dejó con sumo cuidado el espejito encima de una estantería de cristal y se dirigió a Felipe con cara de ‘muy pocos amigos’ para interesarse por el nombre de ese original corte de pelo. Felipe con cara de orgullo por el trabajo que había realizado le respondió que después de mucho pensar había decidido llamarlo

—Corte de pelo, ‘A lo pan y toro y sombrero a la cucaracha’.