Recuerdos: Día de la Cruz

Joaquín Castaño Balsalobre

La leyenda, que vincula la llegada del Santísimo Cristo del Consuelo a Cieza data del año 1606. Según cuenta la tradición, llevaba una carreta de bueyes una imagen del Cristo Crucificado, con destino a cierto pueblo manchego; al pasar por donde hoy se alza la ermita, las bestias se detuvieron y se negaron a caminar. Cambiaron los bueyes pensando que sería la causa, pero todo fue en vano. La interpretación de este acontecimiento fue clara. El Cristo quiso morar con los ciezanos. Estos respondieron con gran devoción. Desde entonces la imagen del Santo Cristo ha estado íntimamente ligada a la historia de los ciezanos. En 1800, con motivo de una gran sequía, bajaron al Cristo en rogativas; y a pesar de que no cayó ni una gota de agua, los moradores, vieron granar y crecer sus espigas con un tamaño nunca conseguido. Al trigo de aquel año se le llamó ‘el trigo del milagro’.

La ermita diseñada por José María Marín Baldó a finales del s. XIX se construye en estilo neo-historicista gótico mudéjar, en el lugar donde antiguamente se asentaba la Ermita de la Virgen del Buen Suceso.

La actual Ermita del Santo Cristo está estrechamente ligada a la historia del Santo Cristo del Consuelo y a los acontecimientos que originaron su ubicación definitiva en dicha Ermita.

En el lugar en el que hoy se encuentra la actual ermita, existía, siglos atrás, una pequeña Capilla que se alzaba en un cabezo a las afueras de la villa y que se conocía con el nombre de ‘El Calvario’. Esta pequeña ermita estuvo dedicada a la Virgen del Buen Suceso, hasta que, tras el ‘milagroso acontecimiento’, se dedicara definitivamente al Santo Cristo del Consuelo.

No conozco algo tan respetado y venerado en Cieza como el Santo Cristo del Consuelo, para algunos tradición, religión, fe, devoción; y para todos recuerdos, muchos recuerdos que se nos agolpan en la mente a los que vivimos fuera de nuestra tierra. Esa imagen se liga estrechamente a la niñez, a tardes de júbilo por el Camino de Madrid, camino de su ermita cayendo centenares de pétalos de rosas ante la imagen del crucificado el Día de la Cruz.

Este año, por la situación meteorológica, no ha podido trasladarse el Cristo a su ermita en el Día de la Cruz, pero lo va a hacer este sábado, con el fin de lucir esplendorosamente.

El Cristo del Consuelo tiene, como ocurre en muchos lugares, una mezcla de recuerdos, de vivencias, de fe y de devoción, de esa devoción venerada por un pueblo, de admiración por gentes de cualquier índole y condición que acompañan al Cristo a su ermita.

Cada vez que veo una imagen del Cristo se viene a mi memoria el recuerdo de la niñez, sobre todo de las manos de mi abuela materna, cogerme de la mano y acercarnos por el Parque hasta el Camino de Madrid, “a asomarnos a ver el Cristo” y divisar desde lo alto como una cantidad ingente de personas acompañaba a un crucificado cubierto de pétalos de rosa en el Día de la Cruz. Recuerdo a lo lejos la fábrica de Conservas de los Hermanos Guirao.

Música, júbilo y siempre la misma música: “Desde la cumbre airosa en que la ermita se alza, el Cristo nos protege con paternal afán. Allí está del Ciezano el Faro Luminoso, allí de nuestras almas El Misterioso Imán. Cristo Bendito, Gloria de Cieza, Consuelo dulce del corazón, Grata Esperanza del que te invoca, Prenda segura de Salvación”.

Todavía no recuerdo en dónde aprendí esta canción, pero forma parte, para muchos ciezanos, de nuestra vida, de nuestra niñez, de nuestra infancia. Y recuerdas buenos momentos con personas que ya no están con nosotros. Momentos, situaciones, olores característicos que, solo en pocas ocasiones como el Día de la Cruz, te vienen a la mente.

Recuerdos, fe, devoción, cada cual entiende al Cristo del Consuelo de una forma, de la misma forma que los ojos que lo miran.

Cuando he podido, siempre he intentado estar el Día de la Cruz en Cieza, ahora es francamente complicando, pero mi mente está en Cieza, con ese olor característico a flores recién cogidas, a pétalos de rosas que, como una lluvia intensa, cubren la imagen de un crucificado, una imagen venerada, respetada y elevada en Cieza a patrón de facto, una imagen que representa a un hombre que, como diría Enrique Tierno Galván: “Un hombre que vivió y que lo crucificaron por ser justo, un hombre que luchó por reclamar justicia, un hombre que se opuso al poder y la injusticia”.