Cuando Cartagena estuvo a punto de entrar en guerra con Alemania

Francisco Javier Salmerón Giménez

Durante el día 11 de febrero de 1873 se extendió por Murcia ‘algún pánico’, como expresó el periódico La Paz. Junto con el mal tiempo, con un viento del norte que apagó la noche anterior casi todas las farolas del gas y una temperatura máxima de siete grados, las noticias que llegaban desde Madrid dejaron desiertas las calles de la ciudad.

Ese pánico, que había ocasionado el cierre de los comercios, estaba motivado por la renuncia del rey Amadeo de Saboya. Un telegrama de la agencia Fabra que llegó hasta la redacción de El Noticiero informaba de los hechos, dando cuenta de la propuesta del Presidente de las Cortes para que ambas cámaras asumieran la soberanía.

De modo que la República llegó en el conjunto de España como una necesidad. Y lo hizo de una manera ordenada y pacífica.

Pero ya el 23 de marzo de ese año tuvo lugar una manifestación pública en Cartagena que visualizó la imposibilidad de que los dos grupos republicanos pudiesen encontrar puntos de unión entre los proyectos que siempre por separado proponían. Una masiva y ordenada manifestación oficial en la que participaron los militares francos de servicio con sus propios estandartes, que hacían mención al buque al que pertenecían, morado el de la fragata Victoria, de color rojo el de la fragata Almansa, colorado el del Ejército, cada uno de ellos con su propio lema. La gente del pueblo enarbolaba muchas otras banderas tricolores o ‘nacionales’ y podía verse la roja del club de la calle Jara, con la inscripción Federación o muerte.

Meses después, tras la insurrección federalista, se constituiría en Cartagena (más fácil de defender que Murcia) el Cantón Murciano, por lo que se convirtió en el epicentro de los republicanos federales ‘intransigentes’, que iniciaron en julio de 1873 la rebelión cantonal con el propósito de instaurar en España, ‘desde abajo’, la República Federal. Sin esperar a que las Cortes Constituyentes elaboraran y aprobaran una nueva Constitución, en cuyo proyecto se declaraba la existencia de diversos estados que constituían la nación española.

El Cantón de Cartagena fue el de más larga duración de todos los cantones españoles, pues consiguió resistir el asedio de las fuerzas del gobierno central hasta enero de 1874. Para poder derrotarlo, el gobierno de España consideró apátridas a los buques situados en Cartagena, que habían aumentado con los requisados en otros puertos, lo que supuso una fuente de conflictos con otros navíos militares británicos y alemanes.

Porque escasos de dinero y de víveres, promovieron expediciones para abastecerse y establecer nuevos cantones aliados. El 19 de julio, la flota cantonalista fondeó en Torrevieja, donde se estableció una Junta Revolucionaria. El recién nacido cantón de Torrevieja apoyó al cantón Murciano entregando como contribución para la guerra los 70.000 reales existentes en la caja de las Salinas. Al día siguiente la flota fondeó en Alicante, donde Antonete Gálvez desembarcó vestido de uniforme para imponer el establecimiento de un cantón y la entrega de quince o veinte mil duros. Tras la negativa de los alicantinos, los cartageneros se volvieron hacia su ciudad con un barco que decomisaron.

Cuando el Vigilante entraba en Cartagena fue interceptado por una fragata alemana, haciendo uso del decreto recién aprobado por el gobierno de Nicolás Salmerón que declaraba ‘piratas’ a todos los barcos que enarbolaran la bandera roja cantonal por lo que podían ser apresados por los buques de cualquier país dentro incluso de las aguas jurisdiccionales españolas. Además el comandante de la SMS Friedrich Carl exigió la entrega de otra fragata que también había enarbolado la bandera cantonal, no reconocida internacionalmente. Finalmente la Junta de Cartagena entregó el Vigilante a los alemanes, aunque Gálvez y la tripulación fueron desembarcados en Cartagena. Las autoridades cantonalistas consideraron seriamente declarar la guerra a Alemania tras la captura, aunque finalmente decidieron no hacerlo.

Desesperados enviaron un mensaje al Gobierno de Estados Unidos solicitando incorporarse como un estado más, aunque antes de que su Congreso considerara la propuesta, Gálvez y unos mil de sus seguidores se embarcaron en la fragata Numancia y consiguieron llegar hasta Orán.