¡Uy! Bicho

Toñy Benedicto

Una tarde, durante el café, un vecino comentó la curiosa noticia que estaba en la calle de boca en boca. Se trataba del caso de un chico de unos quince años, a pesar de su juventud ya se había convertido en un delincuente común, muy conocido por la Policía Local de la ciudad pues su gran defecto era que se quedaba con todo lo que veía y le gustaba. No era la primera vez que la Policía lo buscaba. A pesar de ser tan joven se conocía las leyes y sabía la pena que le ocasionarían sus acciones, por eso sus delitos siempre eran leves. Le daba igual un bolso de mano, una cartera, una bici, un teléfono móvil. Si entraba en algún lugar y veía algo que le llamaba la atención, gracias a su gran habilidad, en un descuido del dueño, se quedaba con lo que veía. La Policía le seguía los pasos, pero él sabía que las cosas de poco precio le supondrían tan solo una noche en el calabozo. Como anécdota, Antonio el vecino, nos comentó que en una ocasión tuvo problemas porque mientras el dueño de una caña de cerveza que estaba entretenido hablando con un amigo, Perico no lo pensó dos veces y con toda la libertad del mundo comenzó a beberse la caña de cerveza que había en la barra de un bar. Al darse la vuelta para agarrar su caña de cerveza, el dueño se dio cuenta de que el chico que estaba a su lado la tenía entre sus manos. Al intentar recuperarla hubo un forcejeo, la copa se rompió y como consecuencia Perico resultó herido. Fue la propia policía quien lo llevó a Urgencias para que lo curaran, tras lo cual le abrieron expediente por hurto y pasó toda la noche en el calabozo, aunque eso para él no tenía la menor importancia.

En otra ocasión, le ocurrió algo gracioso, aunque no dejaba de ser un delito, pues había sido interceptado y detenido por la policía cuando iba montado en una moto.

Era verano, hacía poco tiempo que habían inaugurado una terraza de música y copas en las afueras del pueblo. La mayoría de los que se acercaban por allí lo hacían a pie y algunos en moto. Coches, había pocos. Los clientes solían ser gente joven. Al desplazarse andando, si tomaban una copa de más, el paseo de vuelta les serviría para despejarse.

Perico estuvo yendo a esa terraza de verano todas las noches desde su inauguración; pero no entraba, se quedaba deambulando por la puerta, vigilando y estudiando las costumbres de los clientes, su horario de salida, el momento de mayor o menor afluencia. A Perico no le interesaba beber, ni la música o el baile. Su interés era llevarse lo que le gustaba y disfrutarlo durante unas horas, lo tomaba prestado y luego lo devolvía, esa estrategia le servía de defensa siempre que lo detenían.

Una noche le gustó una moto roja, nueva, preciosa —voy a dar una vuelta —se dijo. Ni corto ni perezoso se montó en ella, la arrancó y se marchó con rumbo a la ciudad para chulearse con ella delante de sus amigos al tiempo que se dijo —un paseíto de unas dos horas me vendrá bien. La mala fortuna le estaba esperando pues en esos momentos en que iba encima de la moto se saltó un stop. La Policía Local le dio el alto, porque estaba dentro del casco urbano. Le pidieron el carnet y los papeles de la moto. Al no llevarlos, le preguntaron acerca de quién era el dueño del vehículo. Como no podía probarlo y además era un buen actor, sin bajarse de la moto, miró en derredor suyo y con una expresión entre la ironía y la sorpresa soltó el siguiente argumento —¡anda, pero ¡qué hago yo encima de una moto!, si yo no tengo moto. ¡Uy!, bicho! ¿qué hace esta moto entre mis piernas?, ¡qué susto por dios! No sé cómo ha llegado hasta aquí ni quién me la ha puesto debajo —exclamó.

Ante la impotencia de sacarle testimonio alguno, esa noche durmió en el depósito municipal a la espera de pasar a disposición del juez a la mañana siguiente. En su defensa ante el juez, Perico siguió con la misma línea argumental y le dijo de un tirón

—Mire usted Sr. Juez, la Policía dice que yo iba montado en una moto, pero yo no recuerdo nada de eso porque yo no tengo moto, ni carnet y, además, tampoco sé montar, entonces no me explico cómo pudo la moto ponerse entre mis piernas.

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