Las Ordenanzas de la Huerta de Cieza

Francisco Javier Salmerón Giménez

A finales de los años 90 encontramos en el Archivo Municipal de Cieza un manuscrito redactado en 1827 por Diego Marín Capdevila que contenía un proyecto de Ordenanzas de la Huerta de Cieza, al que su autor había dedicado varios años de trabajo. En él se recogían los usos y costumbres que se practicaban en relación con los distintos temas agrícolas, el aprovechamiento y los derechos sobre el agua o las relaciones contractuales entre propietarios y colonos, por ejemplo. El manuscrito guardado varió entonces el panorama de nuestros conocimientos.

Porque su existencia era hasta entonces desconocida hasta el punto de que Mariano Ruiz-Funes García en su obra ‘Derecho Consuetudinario y Economía Popular de la Provincia de Murcia’ afirmaba en referencia a Cieza que “las únicas Ordenanzas son los acuerdos de éstos (los heredamientos), procedentes de distintas épocas”.

Además de participar activamente en política, Diego Marín Capdevila fue un hombre estudioso y emprendedor que realizó el ‘Plan de Construcción y Arreglo de los Caudales públicos’ o el proyecto de un puente de piedra sobre el Segura. Y que incluso llegó a publicar artículos sobre temas astronómicos. En 1835 fue nombrado presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País cuando esta se formó en Cieza.

Hasta la fecha señalada regían en Cieza las Ordenanzas aprobadas por Felipe II en el siglo XVI, pero su contenido era desconocido para los ciezanos a comienzos del siglo XIX al haberse perdido el documento, por lo que se necesitaba una regulación escrita de las normas vigentes durante siglos y ese es el propósito del trabajo de Marín Capdevila.

Pero hemos de señalar que no existe constancia de su aprobación definitiva, circunstancia que debía producirse en Concejo Abierto.

Su redacción coincide en el tiempo con otra redacción que se hizo en la huerta de Murcia de un proyecto de Ordenanzas que el ayuntamiento de la capital no llegó a sancionar, pero que sirvieron de base para las definitivamente aprobadas en 1849.

Se aprobaran o no en Cieza el documento es una fuente importante de conocimiento de nuestro pasado al recoger los usos y costumbres que el derecho consuetudinario había ido estableciendo como de obligado cumplimiento en lo referente tanto al sistema de riegos como a los sistemas de cultivo y que estaría expresado en las perdidas Ordenanzas de 1589.

Toda la vida de los habitantes de Cieza giraba alrededor de las aguas del Segura, de su caudal, de su corriente, de sus frecuentes avenidas… Por ello su aprovechamiento se reglamentaba hasta los más mínimos detalles, porque no podía desperdiciarse y porque su posesión suponía la principal, y casi única, fuente de riqueza.

En el primer capítulo sistematizaba lo relacionado con el aumento de la superficie regada y lo relativo a la protección del cauce del río y de las distintas acequias, previniendo contra de la proliferación de norias de los años inmediatamente anteriores. Para la preservación del agua, las ordenanzas intentan otras prohibiciones como las de curar en los escorredores esparto y cáñamo, la de hacer paradas para lavar la ropa o la lana o la de introducir ganado en la huerta debido a los daños que se ocasionaban.

Su capítulo tercero recogía la normativa existente durante siglos, en lo referente a las relaciones entre el dueño de las tierras y el mediero que las trabaja cambio de la mitad de lo que éstas produzcan: los contratos de aparcería se realizaban ‘a terraje’ en las tierras de secano, siendo los beneficios repartidos entre el propietario, que recibía una quinta parte de los beneficios agrícolas y el aparcero que recibía cuatro quintas partes de los mismos. En las tierras con arbolado el cultivo se realizaba a medias.

La duración y el período de los contratos dependía del tipo de plantación realizado aunque habitualmente los períodos de contrato comenzaban o terminaban el 24 de junio, día de San Juan, o el 1º de noviembre, día de Todos los Santos, que son las fiestas que dividen a los distintos períodos agrícolas en la localidad.

Para aquellos que se encuentren interesados en el tema puede consultarse: Francisco J. Salmerón Giménez: ‘Las ordenanzas de la Huerta de Cieza’, en Revista TrasCieza, nº1.

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