La búsqueda fallida de la erección

María Guirao – Psicóloga y sexóloga

La disfunción eréctil es una de las disfunciones sexuales más habituales en hombres, junto a la eyaculación precoz. Se observa en la población general que uno de cada cinco hombres puede llegar a experimentarla. Esta disfunción se refiere a la incapacidad del hombre para mantener una erección durante las relaciones sexuales con otra persona, este hecho le genera malestar consigo mismo y con su sexualidad, y, por supuesto, se alarga en el tiempo. Eso no quiere decir que si ocurre en contadas ocasiones esporádicas la persona mantenga esta disfunción.

Cuando hablamos de sus causas, en un primer momento se suele pensar en la causa orgánica, vascular o neuronal. Es siempre imprescindible consultarla con un médico o preferiblemente un urólogo, para descartar si podría existir un problema físico de base. También, otra forma de descartar si existe un problema orgánico es comprobar si sí se consigue una erección completa en otros contextos fuera de las relaciones sexuales con otra persona, como por ejemplo la masturbación. Si este fuera el caso se podría descartar un problema físico, ya que si se consigue una erección en este supuesto la causa más probable de la no erección sería un factor contextual: tener relaciones sexuales con alguien.

En segunda instancia, hablaríamos por lo tanto de una causa psicológica, la persona no es capaz de mantener la erección no por problemas físicos, sino por dificultades psicológicas. La causa más habitual suele ser la ansiedad que le genera a la persona el mantener una relación sexual y sentirse inseguro de si conseguirá una erección, es una ansiedad por ejecución. Por supuesto que esta ansiedad no surge de la primera experiencia de no erección, sino que aparece cuando a la persona le ha ocurrido en varias ocasiones y se está expectante de si volverá a ocurrir. Se suele anticipar la relación sexual con pensamientos como: “¿Podré conseguir una erección?”, “¿me va a pasar de nuevo?” o “seguro que mi pareja se está cansando de que no sea capaz”. Este tipo de mensajes lo que consiguen es que la persona esté más nerviosa y por lo tanto se mantenga en un estado de alerta. Además, durante la relación sexual se mantienen estos pensamientos, sosteniendo muchos hombres conductas de comprobación como observar atentamente si el pene consigue una erección, verificándolo tanto con la vista como con el tacto. Este tipo de comportamientos hacen que, de nuevo, la persona esté en un estado de alerta que le dificulta la relajación.

La ayuda desde la terapia psicológica en la disfunción eréctil iría por lo tanto a disminuir esa ansiedad por ejecución que he mencionado, porque cuando este estado de alerta se mantiene durante la relación sexual, la erección, en la gran mayoría de los casos, es imposible que se dé. Antes de acabar, decir que es importante buscar ayuda especializada cuando se ha intentado por uno mismo gestionar el problema de erección y no se ha conseguido, puesto que en muchas ocasiones los mismos intentos de solucionarlo, a veces, no son más que mantenedores de la disfunción.