Comienza la excavación en Siyâsa

Francisco Javier Salmerón Giménez

A comienzos de los años 70 muy pocas personas conocían que en una de las laderas del cerro del Castillo se encontraba una población de carácter islámico en la cual se habían realizado excavaciones clandestinas en las que habían aparecido cerámicas y otros objetos de esta cultura.

Existía un plano de esa población elaborado por fray Pascual Salmerón, conservado por un particular en un archivo que había ido formando con los ‘papeles’ desechados desde muchas casas. A su muerte se dispersó, aunque dicho plano y algún otro documento pudo ser comprado por el Ayuntamiento de Cieza.

Por entonces, y debido al desconocimiento general, se acababan de cometer en este lugar algunos desastres como la prospección petrolífera de la British Petroleum que abrió caminos por el yacimiento, destrozando las estructuras que encontró a su paso.

El yacimiento arqueológico era conocido por muy pocos pero se ignoraba por entonces el nombre con el que sus contemporáneos lo conocían.

Porque existen pocas referencias escritas sobre la extensa población situada bajo el cerro del castillo ciezano, pero aparece en varios itinerarios realizados en aquel momento, una especie de guías turísticas de la época, en las que los viajeros podían conocer el itinerario que debían seguir.

Al Udri hace la siguiente descripción a comienzos del siglo XI del camino a seguir entre Cartagena y Toledo: “Itinerario de Qartayana a Tulaytula. La primera etapa del itinerario de Cartagena a Toledo es la que va de Cartagena a Murcia, a unas 30 millas de distancia; hasta Mulina hay 8 millas; a Siyâsa 25 millas…”. Si cambiamos las millas por kilómetros no nos cabe duda de que la Siyâsa del Itinerario de Al Udri es la Cieza actual.

Al-Idrisi menciona también dos rutas que pasaban por Cieza. La primera conducía desde Murcia a Segura de la Sierra y en ella también se menciona a Siyâsa en el lugar que hoy corresponde a Cieza.

En esos años se dieron una serie de coincidencias afortunadas que hicieron que el yacimiento cobrara la importancia que tenía realmente: un grupo de jóvenes escolares encontró en lo que luego se conoció como el vertedero dos piezas cerámicas con figuras humanas. Las piezas eran de factura islámica, realizadas con la técnica del esgrafiado. La noticia de su descubrimiento interesó a Julio Navarro Palazón, que acaba de licenciarse en arqueología medieval en la Universidad de Murcia y que se acercó a Cieza para comprobar los hallazgos. Les mostramos estos y lo acompañamos al despoblado islámico.

Este puso todo su empeño en realizar una excavación en el lugar secundario donde habían aparecido las piezas de cerámica. En los primeros días Julio Navarro y un compañero contaron con la ayuda, en los trabajos de excavación, del grupo de jóvenes que habían realizado el descubrimiento, de Joaquín Salmerón Juan y de mí mismo: muy poca gente.

Con el tiempo, convencimos al Ayuntamiento para colaborar con la aportación de trabajadores y facilitando alojamiento y comida para los voluntarios que comenzaron a venir de fuera. Medios suficientes para la realización de varias campañas arqueológicas que consiguieron, verano tras verano, sacar a la luz lo que el tiempo había ocultado.

Hoy el lugar es visitado por muchas personas de Cieza y de fuera de ella, que vienen a visitar las 19 viviendas excavadas en el caserío de Siyâsa, datadas entre los siglos XI y XIII y encontradas en un excelente estado de conservación pues tras la conquista castellana el cerro se despobló por completo y no volvió a ser habitado. Se ha calculado un número aproximado de 790 edificaciones acondicionadas en terrazas debido al desnivel de más de 110 metros entre las partes alta y baja del caserío.

Julio Navarro publicaría en el tomo II de la Historia de Cieza los resultados de sus estudios, un libro que se agotó con rapidez, por lo que tuvieron que seguirlo otras publicaciones que pusieron a nuestra localidad en el centro de atención de los especialistas europeos en la época.

Después el yacimiento quedó desnudo e indefenso durante muchos años, lo que ocasionó una cierta degradación. Hasta que en 2020 se protegió de forma efectiva contra la lluvia y el viento gracias a un proyecto firmado por un estudio de arquitectos ciezanos formado por Fulgencio Angosto y Miguel Ibáñez, quienes ya habían realizado un excelente estudio sobre la población por fin protegida con el título de Estrategias Bioclimáticas en Siyâsa.

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