El espacio agrícola ciezano y su gestión

Francisco Javier Salmerón Giménez

A partir de la mitad del siglo XIX la producción agrícola ciezana comenzó a crecer de un modo considerable, situándose su producción en torno a 1874 en su momento de máximo ascenso, tras un incremento notable de la producción.

Para conseguir la base económica de la que la sociedad recibía su sustento se utilizaba toda una red de canalizaciones que conforman un espacio agrario que permitía conducir el agua hasta lugares alejados y elevados. Una obra realizada por muchas generaciones y aún de varias culturas, pues las primeras canalizaciones podrían datar del tiempo de los romanos. La civilización islámica realizaría la labor definitiva con la construcción de acequias que hoy se conservan, controlando desde Siyâsa el sector regado, en el codo del río, por la acequia de la Andelma, así como otros sectores secundarios dependientes de fuentes dispersas en las vertientes de la orilla izquierda. Tanto fue así que la extensión de las tierras que podían ser regadas por las acequias medievales fue ampliamente mayor de las cultivadas, debido al vacío dejado por la expulsión de sus habitantes en el siglo XIII, pues los repobladores cristianos realizaron un repliegue hacia un sistema de pequeña hidráulica, relacionada con la sensible reducción de efectivos humanos.

A mediados del siglo XV el fondo del valle sólo se utilizaba para cultivos realizados por el agua y los tarquines traídos por las avenidas del río, aunque en los siglos siguientes se recuperarían y ampliarían los canales hídricos ya desarrollados. Desde el nacimiento del Gorgotón se tomaba agua bajo la presa de Don Gonzalo y el Horno, dando riego a la Hoya, Horno, Parra Charcos, Ramblas y Barrateda. En 1751 se realizó la primera ampliación de la zona regada: en el lado del Mediodía, donde venían usándose acequias que llevaban el agua hasta El Esparragal, Cañaveral, Veredilla y Torre, se continuó dicha acequia al partido del Jinete y dos años después, la obra continuó hasta conducir el agua del Segura hasta la Brujilla y la Cañada Villegas.

Con objeto de administrar estos sistemas hidráulicos se formaron Heredamientos o asociaciones de propietarios que organizaban el reparto de agua y se encargaban de las reparaciones necesarias cuando las frecuentes avenidas del Segura producían desperfectos en las conducciones, limpiaban las acequias mediante periódicas ‘mondas’ y gestionaban las mejoras de las infraestructuras de riego.

En cada heredamiento se nombraba a uno o dos Comisarios entre los propietarios, que se ocupaban de la dirección de la sociedad durante un período de tiempo indeterminado. Se contrataba a uno o más regadores, generalmente “sin estipendio ni gratificación alguna”, según costumbre antigua siendo habitual pagarles en especie, con el “acostumbrado capazo de panizo con perfolla, a proporción de la cosecha”, aunque con el tiempo llegó a generalizarse el pago en dinero por tahúlla regada.

Los Heredamientos existentes eran los siguientes:

El del Fatego comenzaba en la Vereda de Borra y desde su origen tomaban el agua por una ‘boquera’ abierta en una presa contigua al molino de la Inquisición. El de los Charcos, basado en la acequia del mismo nombre, se unirá en 1815 al del Fatego al tomar las aguas de una boquera de esa acequia, estableciéndose un cauce mancomunado.

El de los Zaraiches Mayor y Menor tomaba el agua de las fuentes de los Zaraiches, mientras el de Hoya de los Álamos o Andelma se basaba en la acequia de la Andelma, el de Ascoy se basaba en las aguas que proporcionaban los manantiales de dicha Sierra, los de la Torre, Veredilla, Cañaveral, Ginete, Perdiguera y Brujilla agrupaba las tierras regadas con las aguas de la acequia que comienza en la presa de Don Gonzalo. Mientras el de la Cañada de la Horta, se basaba en la Balsa de los Olmos y el de la Fuente del Ojo partía de un malecón construido hacía mucho en la confrontación de la estacada de Catafrente.

Otros Heredamientos eran el del Santo Cristo, formado por las tierras próximas al Asensao, el del Gramalejo, el conocido como Entre Ramblas y el formado por el Estrecho, Argar, Barranco y Menjú.

Los más modernos fueron el de la Acequia Nueva, constituido en 1841 y cuyas tierras se encontraban a continuación de la acequia del Horno, recogiendo las aguas de la Fuente del Judío y del Agua Amarga y el de las Aguas Nuevas del Ginete y Charcos, constituido en los años cuarenta del siglo XIX al extenderse la superficie regable.