Afrodisia

Toñy Benedicto

Se llamaba Afrodisia por su bisabuela materna, pero era conocida por Disi.

Nacida en el seno de una familia con tradiciones muy profundas, le endosaron ese nombre que, a su pesar tuvo que llevar toda la vida. De pequeña le llamaban Afrodisina y cuando ella tuvo conciencia de lo que en sí podría significar ese nombre por su relación con el adjetivo afrodisiaco, coincidiendo con su llegada al Instituto de Secundaria para cursar estudios de bachillerato, decidió que desde aquel momento respondería solo y exclusivamente por el nombre de Disi.

Sus impresionantes ojos negros como una noche sin luna traspasaban a quien la miraba y experimentaban la sensación de tener delante a una mujer responsable, misteriosa y agradable.

Su pelo del mismo color le hacía sentirse segura de sí misma y con una rica vida interior. En el trato cercano proyectaba tranquilidad y confianza hacia la demás. Disi, conocía muy bien sus atractivos y se aprovechaba de ellos para entablar amistades con aquellas personas que le interesaban porque podrían introducirle en el mundo que buscaba.

Se dio cuenta de que todos los que se acercaban a ella lo hacían buscando ‘otras cosas’ que nada tenían que ver con una vida en familia. Al terminar sus estudios consiguió un trabajo de relaciones públicas muy bien remunerado y comenzó a fraguar en su mente una idea algo extraña. Percibía que necesitaba sentir la soledad, meditar sobre lo que había sido su vida hasta ese momento. Decidió, de un día para otro, que tenía que ahorrar cuanto más mejor para poder llevar a cabo la idea que tenía in mente acerca de cambiar su vida con rotundidad.

La niña que comenzó siendo muy tímida y vergonzosa precisamente por arrastrar ese nombre, se transformó en una jovencita y luego en una mujer con una vitalidad exultante, una alegría y desenvoltura tal que le hacía ganarse el cariño, la simpatía y admiración de todos los que la conocían con gran rapidez.

A tanto llegaron sus ganas de vivir y experimentar nuevas sensaciones que una vez se hubo emancipado de sus padres y podía vivir de su trabajo, lo hizo con gran desenvoltura, descaro, atrevimiento e impudicia. Se sentía querida y admirada por todos precisamente por su belleza, pero no por su interior, y fue entonces cuando decidió dar un cambio radical a su vida, lo primero que hizo fue transformar su aspecto.

Eligió el color pelirrojo para su pelo. —De esta manera me relacionarán con una mujer apasionada, libre y seductora —se dijo a sí misma.

Estaba decidida a vivir toda clase de experiencias, sin importarle si estaban dentro o fuera de la legalidad.

Buscó en los mapas un lugar lejano para vivir donde no la conociera nadie ni la relacionaran con su familia y amigos anteriores y comenzó a tener nuevos amigos en nuevos ambientes. No le fue difícil sumergirse en el mundo de las drogas. Vivió y experimentó una vida llena de libertinaje, con amigos que la llevaban de tugurio en tugurio, cada uno más bajo que el anterior y todo ello con plena conciencia y percepción de que lo que estaba haciendo era malo, aun así, continuó con esa vida sabiendo cuáles podrían ser las consecuencias que aquella experiencia y lo que le podría acarrear, pero no le importaba.

Estaba decidida a experimentar todo lo prohibido —ya sacaré mis propias conclusiones, una vez finiquite mi experimento —se decía cada noche para darse ánimos y seguir adelante. Vivió en la calle con drogadictos y pedigüeños. Durmió al raso, pasó frío, calor y necesidad. Un día consiguió entrar en una pandilla en la que todos, chicas y chicos vivían al margen de la ley. En ese mundo conoció y experimentó realmente una vida de drogas, sexo, libertinaje, llegando incluso a participar en los robos de aquellos supermercados que no cerraban por la noche. Era plenamente consciente de lo que estaba haciendo y no se arrepentía, todo lo contrario, cada día se esforzaba más y más en sumergirse en aquel oscuro y bajo mundo…

Y una mañana al despertar, tras una noche de drogas y libertinaje, lujuria, indecencia y desvergüenza vio ‘la Luz del Día’ y decidió entrar en un convento para hacerse monja de clausura.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en telegram
Compartir en email