José Ríos Gil

Francisco Javier Salmerón Giménez

José Ríos Gil fue director del periódico La Luz del Obrero, que se convertiría en una tribuna desde donde proyectó sus ideas al conjunto de los trabajadores de Cieza y de poblaciones cercanas. Se encontraba al frente del Centro Obrero, de tendencia socialista. En 1919 presidió en Murcia el primer Congreso de la Unión Provincial de Trabajadores, perteneciente a la Federación Obrera de Levante, renunciando a la oferta que recibió en el mismo de hacerse cargo de la Secretaría, cargo que sería retribuido, aduciendo sus compromisos laborales en Cieza.

El radio de acción de su liderazgo se extendía mucho más allá de Cieza. En 1915 lo encontramos en Hellín dando un mitin en el monte denominado el Calvario ante cuatro mil personas, con una nutrida presencia femenina. En él se señaló que todos “deben ir al centro a asociarse, para conquistar de grado o por la fuerza, lo que por la fuerza nos ha arrebatado, el pan, nuestra parte de suelo en este mundo que habitamos”. Definía a los Centros Obreros como los templos del trabajo.

Como resultado de esta militancia de Ríos y de otros se produjo una verdadera explosión asociativa en la zona. Así, cuando en Liétor los trabajadores comenzaban su andadura con un mitin invitaron a José Ríos, quien acudirá al pueblo albaceteño como parte de un periplo constante que le llevará a contar una especie de ‘buena nueva’, la de las bondades del asociacionismo. Era la idea-fuerza que venía exponiendo desde muchos años atrás en el medio escrito citado. En 1905 mencionaba en sus páginas la existencia en Cieza de la sociedad ‘La Unión’. Decía que sus fines eran defender y mejorar, tanto en el orden moral como material, a sus asociados. Y les preguntaba a sus miembros:

“¿No es cierto que durante el escaso término que cuenta de vida legal esta Sociedad, habéis conseguido haceros respetar y oír por vuestros respectivos patrones, en las justas y legítimas peticiones formuladas en nombre de la misma?

¿No es también cierto que debido a esta misma Sociedad, habéis obtenido el reducir la jornada diaria a nueve horas?

¿Podéis negarme que individualmente no habéis podido alcanzar las peticiones justas, que asociados conseguís?”.

En sus mítines ponía un gran énfasis en la educación de los trabajadores. Sabía que para que sus condiciones de vida pudieran cambiar era necesario asegurar su acceso a la cultura escrita. Explicaba a los obreros el deber que tenían de instruirse: “…pues siendo nosotros la palanca que hemos de mover el mundo, necesitamos el punto de apoyo que buscaba Arquímedes, y ese punto es la instrucción”. Él mismo se puso al frente de las clases nocturnas para adultos que promovió el Centro Obrero de Cieza. Además, los domingos por la tarde los obreros de esta ciudad estaban invitados a cursos y conferencias a cargo de maestros.

Emprendió campañas comprometidas, algunas de las cuales tuvieron un elevado coste personal, como la que realizó en el año 1917 para defender la alimentación de los quintos. Acusó entonces al contratista del pan de fraude en el peso de éste y hubo de atender una acusación penal en este sentido. Para afrontarla contó con la ayuda de sus compañeros, quienes a través de una suscripción voluntaria aportaron 72 pesetas, así como del Centro Obrero de Murcia que aportó 10 pesetas. Ya en 1905 había tenido que enfrentarse al propio barón del Solar, político jumillano conservador que en la práctica actuaba como jefe político del distrito yeclano en virtud de su prevalencia social en la ciudad de Jumilla. Ríos fue acusado de injurias en los tribunales de justicia por parte del barón del Solar, por lo que podía ser condenado a destierro. Para ayudarle a pagar el viaje hasta Murcia acudieron en su ayuda, entre otros, la Sociedad de Agricultores de Hellín.

Los representantes obreros no sólo ‘predicaban’ los principios laicos sino que los vivenciaban, lo que les supuso duros enfrentamientos con otros sectores sociales en un momento en el que los principios de religión católica eran asumidos por la mayoría de la población.

Ríos fue elegido como concejal en 1931 y optó a la alcaldía que finalmente recayó en el abogado republicano Giménez Castellanos. Iniciada la guerra asumiría interinamente la alcaldía de la localidad y tras ella llegaron los años de cárcel.