Para qué sirve la terapia

Los expertos la definen como un proceso en el que dos personas, una que consulta y otra que responde, se embarcan en identificar y mejorar la problemática que en cada caso presente quién consulta
Ana Tenza

En mi opinión estoy de acuerdo en que es un proceso ya que se da a lo largo del tiempo, precisa del transcurrir de las sesiones para que las dos personas implicadas se conozcan. Igualmente es imprescindible que se vaya estableciendo la confianza necesaria para poder hablar de asuntos íntimos y delicados que en ocasiones no hemos verbalizado delante de nadie, ni siquiera de nosotros mismos. También que el paciente vaya sintiendo seguridad para poder ir ahondando en cuestiones cada vez más personales y profundas y para que pueda escuchar lo que el psicólogo le diga, planteándoselo como posibilidad.

Lo que hace el psicólogo es escuchar lo que el paciente cuenta pero también lo que no cuenta, lo que no quiere decir, lo que dice entre líneas, lo que nombra sin nombrar o lo que a veces falta en el discurso. Acompaña al paciente en el proceso del ‘darse cuenta’ de que, a veces, está participando y manteniendo aquello de lo que se queja y sufre. De que otras veces, puede estar esperando a que sea otro quien cambie como condición para mejorar. Otras, del empeño en resistir y no despedirse de lo que no va a poder ser (muerte de alguien querido, ruptura de pareja o sueños imposibles). Tomar conciencia, en otras ocasiones, del intento imposible de controlar lo que no tiene control desencadenando procesos de ansiedad, fobias y angustias varias. Y todo un largo etcétera de malestares que en cada persona se manifiestan de una manera distinta y que sólo en un espacio de seguridad, confianza, confidencialidad y honestidad pueden ser, primero, nombrados y luego, analizados para poder decidir qué hacer con lo que nos hace sufrir.

Una de las confusiones frecuentes al comenzar una terapia es querer empezar por el final, hacer desaparecer el sufrimiento mediante la acción. La primera demanda suele ser “¿qué hago para encontrarme mejor?”. Pero creo que las preguntas iniciales deben ser otras ¿Qué me pasa realmente? ¿Cómo he llegado a esta situación? ¿Por qué repito si sé que sufriré?

De la misma manera que no nos adentramos en una ciudad desconocida sin tener unas mínimas nociones sobre dónde estamos, qué idioma se habla, y otros datos que nos faciliten el viaje y nos permitan llegar donde queremos, en terapia necesitamos unos pasos previos para poder actuar sobre aquello que nos preocupa, nos duele o nos angustia. Incluso puede ocurrir que según se avanza uno descubra que no quiere ir donde al principio creía y modifique el rumbo. Por eso actuar no es lo prioritario, lo es descubrir qué es lo que nos pasa y lo que queremos hacer con eso.

Para eso la terapia y el acompañamiento profesional y riguroso de un psicólogo, que mediante preguntas y señalamientos nos ayude a revisar, analizar y tomar conciencia de nuestra verdad y realidad es imprescindible.

Sócrates defendía el autoconocimiento como la vía para desarrollar nuestra sabiduría y mejorar las relaciones con uno mismo y con los demás. Coincido plenamente en que conocernos nos ayuda a explorarnos, a descubrirnos, a entendernos, a ‘desangustiarnos’, a ajustar nuestras exigencias y demandas, en definitiva a desplegar aquello que somos realmente. Nos hace más pacientes, más compasivos, más justos y más valientes. Y a encontrar sentido a lo que somos y a lo que hacemos. Este me parece el viaje más apasionante en el que uno pueda embarcarse.

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