La justicia social frente al privilegio

Joaquín Castaño Balsalobre

Las personas que están acostumbradas a los privilegios, al ser tratadas como al resto, se ofenden e incluso dicen que se ha cometido una injusticia, y eso es lo que le ha pasado estos días al tenista serbio Djokovic, nacido en la antigua República de Yugoslavia, ganador de 20 torneos de Grand Slam, cifra que lo ubica en el primer lugar entre los máximos ganadores, y es el primer y único tenista en toda la era abierta que ha conseguido el double career Grand Slam.

Su situación se puso de actualidad, no por una cuestión tenística, sino por su rechazo a la vacunación, lo que le ha llevado a que Australia no le dejara entrar en el país para jugar su gran torneo de tenis.

La noticia era: “Retenido el número uno del tenis mundial en un hotel de Melbourne”. Pero, como decía la ministra australiana, “Djokovic no está cautivo, es libre de irse en cualquier momento que desee. Todavía se requiere que facilite una prueba válida de que puede estar en Australia”. Y al inicio la noticia fue: “La justicia australiana da luz verde para que Djokovic pueda permanecer en Australia y, por lo tanto, tomar parte en el primer Grand Slam de la temporada”. Está claro que esto era un muy mal mensaje para la lucha contra el Covid y peor aún para la igualdad de todos ante la ley.

La controversia coincide en un momento en el que Australia atraviesa un mal momento covid-19 al inicio del año. Australia exige a todos los visitantes extranjeros estar doblemente vacunados antes de entrar al país. Por otra parte, más del 90% de los adultos australianos ha recibido la doble vacunación.

Este tipo de personas, como Djokovic, no está acostumbrado a someterse a las normas, pues siempre piensan que deben hacer lo que les venga en gana.

Por muy tenista que sea es una persona, y Australia ha hecho lo correcto con el deportista, porque si en su ordenación está prohibido la entrada al país si no están vacunados, nadie debe estar por encima de las normas.

Un caso similar le pasa a algunos de la derecha de este país, que defienden al tenista como si fuera un espartano que lucha contra la injusticia, y lejos de la realidad, lo que pone de manifiesto esa defensa de la situación del tenista es el ansia que algunos tienen por salvaguardar sus privilegios.

Porque entre injusticia y privilegio hay una diferencia sustancial, los que siempre han sido privilegiados, cuando se tienen que someter al imperio de la ley, como el resto de los ciudadanos, se sienten discriminados, y es ahí en donde reside la grandeza de las democracias, que son igual que el hecho de la muerte, es decir, que tratan a todos los ciudadanos por igual. Por eso, a los que amamos la justicia social y que día a día luchamos para que el mundo sea cada vez mejor nos agrada escuchar noticias de este tipo.

En España hay políticos ventajistas a los que solo les importa la foto, como al alcalde de Madrid, que hace unos días decía que el tenista serbio podría ser un buen reclamo para la Mutua Madrid Open, y sin entrar a valorar los triunfos conseguidos por el tenista, creo que el alcalde de Madrid acoge con esas declaraciones a un icono del privilegio, de los que les gusta estar por encima del resto.

Es cierto que las leyes españolas no impiden que un ciudadano sin vacunar pueda entrar en nuestro país, pero que el alcalde de Madrid utilice la figura del tenista serbio es poner en valor la desigualdad y el privilegio.

Unos utilizan su condición de buen deportista para obtener privilegios, otros su situación económica y otros su condición de cargo público y prominente dirigente de un partido político a nivel nacional para decirle al Presidente de la CARM que cuele al suegro en la lista de operaciones.

Seguiremos creyendo, confiando, en la democracia frente al privilegio personal o de grupo, seguiremos apostando por la igualdad entre ciudadanos frente al privilegio que tienen o que algunos se piensan que tienen frente al resto. La democracia, la igualdad y la justicia social son el mejor camino para una buena convivencia.