El cine, un nuevo espectáculo

Francisco Javier Salmerón Giménez

En los primeros años del siglo XX hicieron su aparición en la sociedad ciezana dos nuevos espectáculos: el cine y el fútbol, que produjeron una acusada transformación en los hábitos sociales, pues hasta ese momento, los únicos espectáculos colectivos en los que podía participar la población eran las corridas de toros y el teatro, aunque la organización de estas actividades quedaba restringida a unas cuantas fechas, coincidentes en el calendario con las fiestas que en honor de San Bartolomé se celebraban anualmente en el municipio.

Porque el tiempo de ocio, que hasta estos años se encontraba sólo al alcance de una delgada franja social, comenzó a ser disfrutado por otros colectivos, que además podían pagar su presencia en los referidos espectáculos, aunque la universalización del tiempo de ocio y su disfrute todavía no ha había llegado y su consecución se hará esperar unos años.

Parece, siguiendo a José María Rodríguez Santos (‘La llegada del Cinematógrafo’, Trascieza n.º 2), que las primeras proyecciones de cine en la Región de Murcia se produjeron, con poco éxito, en el verano 1896 y un poco después el cine llegaría al Teatro Romea en unas cintas cortas, por lo que su proyeccción suponía un complemento a otras atracciones como la zarzuela o la actuación de un prestidigitador.

A Cieza debió llegar durante el año siguiente, en un cinematógrafo instalado en la calle Buitragos, donde se concentraban muchos talleres de artesanos: sastres, tapiceros, sombrereros… A él se podía acceder pagando 30 céntimos de entrada. Los portadores del cine eran unos fotógrafos de Moratalla que compraron un cinematógrafo Lumiere para añadirlo a su colección de aparatos fotográficos y que fueron presentando el invento de pueblo en pueblo.

Los relatos periodísticos de aquellos primeros años reflejan un ambiente mágico, una gran expectación entre las personas que por primera vez contemplaban imágenes en movimiento. Nos relatan, como lo hace ‘La Tertulia’ del 19 de mayo de 1904, el modo en que eran recibidas por los ciezanos las primeras películas que diariamente se ofrecían a la contemplación de los espectadores en el cine Galindo o en un barracón construido al efecto en la Esquina del Convento.

La publicidad anunciaba cómo “el sábado comenzará a funcionar en dicho Coliseo el gran cinematógrafo Lumier de D. Victoriano Aguilar, el cual viene de Murcia, después de haber llamado poderosamente la atención en las más importantes capitales de España. Las películas que expondrán al público comprenden episodios de los sucesos más interesantes y recientes ocurridos en el mundo, las cuales ofrecen magníficos espectáculos que alcanzan entusiastas ovaciones donde quiera que se exhiben. De estas películas, las más interesantes y sorprendentes son: Napoleón Bonaparte, grandiosa cinta de 1.500 metros de extensión y de cuarenta minutos de duración; Sansón y Dalila, Alikvava y los cuarenta ladrones y los más interesantes episodios de la guerra del Transwal, Pirgarcito o los siete niños perseguidos a muerte y otras películas de mérito y espectáculo sorprendentes”.

Hemos de considerar que las primeras películas no tenían todavía un argumento al modo en que hoy lo entendemos nosotros.

Las proyecciones anunciadas iban acompañadas por “un precioso número de bailes nacionales a cargo de las renombradas artistas Hermanas Parker, que tantas ovaciones han alcanzado en Barcelona, Valencia y Cádiz, ocupándose de ellas la prensa de dichas capitales”, según terminaba relatando la publicidad.

Para acoger a los distintos espectáculos que llegaban a Cieza existían interesantes escenarios que pronto acogieron la novedad que constituían las imágenes en movimiento guardadas en cintas de cine. Si seguimos a Manuela Caballero González (‘Veladas de Ciencia y Misterio, hipnotismo y física recreativa en los escenarios de Cieza’, Andelma n.º 27) podremos adentrarnos en El salón Azul, situado “a la entrada del Paseo” y propiedad de Gerónimo Salmerón Gómez. Fue descrito como “un bonito y culto centro de recreo, donde además de espectáculos y varietés se proyectaba cine, anunciándose algunos días hasta cinco películas. O podemos entrar en el Teatro Galindo, propiedad de Antonio Galindo Flores, quien en 1890 había construido la plaza de toros, cuyas instalaciones pronto sirvieron para acoger gran variedad de espectáculos, con compañías gimnásticas y cómicas, que solían terminar con pantomimas de magia. En 1903 su propietario lo cubrió, formando plateas y palcos desde los que se pudo contemplar las primeras películas de cine que llegaron hasta Cieza.