El Golpe de Estado de Primo de Rivera

Francisco Javier Salmerón Giménez

Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, se sublevó el 13 de septiembre de 1923 mediante un Golpe que contó inmediatamente con la comprensión y con el apoyo del rey Alfonso XIII, que a la postre terminaría costándole el Trono.

Liderados por el general Primo de Rivera, los sublevados declararon el estado de guerra, que se mantuvo durante casi dos años, la suspensión de las garantías constitucionales y la disolución de las Cortes. El régimen de la Constitución de 1876 fue sustituido, en medio de la indiferencia popular y sin apenas resistencia, por una dictadura militar. La dictadura se había convertido en la salida autoritaria ante la quiebra del sistema político de la Restauración desde el punto de vista conservador.

Uno de los factores cruciales que incidió en la crisis política de ese momento fue la fuerte inestabilidad social, aunque sin duda vino precipitado por la existencia del Informe Picasso, que relataba la responsabilidad del alto mando en el desastre de Annual, en el que murieron entre 8.000 y 13.000 españoles a manos de las tribus rifeñas. Con el golpe de estado se consiguió paralizar judicialmente las consecuencias de aquella tragedia nacional.

La proclamación de la Dictadura del General Primo de Rivera alteró la situación en la política municipal ciezana de un modo radical. El uno de octubre de 1923 tuvo lugar una Sesión Extraordinaria en el Ayuntamiento presidida por el Teniente Coronel Comandante de la Plaza que supuso la exclusión del alcalde y los concejales electos y su sustitución a favor de los vocales asociados. Durante el periodo de vigencia de ésta, el Ayuntamiento fue ocupado por personas no pertenecientes a los partidos predominantes, como es el caso del farmacéutico Juan Armand Rodríguez, o por los antiguos representantes liberales, caso en el que se encontraban Antonio Marín Oliver, líder liberal durante la Restauración, y Jesús Massa Piñera, concejal y activo militante liberal en la misma época.

Se pretendió por parte de los representantes del Poder encarnado en la Dictadura la consecución de una atmósfera idílica y falsa en la que la acción política quedase excluida de las Instituciones públicas. Así, el Delegado Gubernativo que vino a dar posesión de su cargo al nuevo alcalde, Jesús Massa, en marzo de 1924 “recomienda a los señores concejales el apartamiento de todo matiz político y que se inspiren solamente en el bien del pueblo, que es el bien de la Patria”. En el mismo sentido se manifiesta en nombre de sus compañeros uno de los nuevos concejales, Durá, quien llega a decir que “no hipotecarán su radio de acción si D. Jesús Massa hiciese desde la Alcaldía política”. Puede parecernos un despropósito pero este concepto de que la política no sirviese para hacer política no era en absoluto nuevo para muchos de los políticos ciezanos, quienes en muchas ocasiones habían hecho gala en su discurso de esta rara habilidad.

La instauración de la Dictadura supuso igualmente el apartamiento de los dirigentes conservadores, monopolizadores del poder durante decenios y culpados por los nuevos dirigentes políticos de encarnar la degradación de la ‘cosa pública’. José Pérez Gómez, hijo del cacique Juan Pérez, dirá en el momento de hacerse cargo de nuevo de la Alcaldía en 1930 que “el Partido Conservador al que pertenezco me trae hoy a la Alcaldía como satisfacción pública de un gesto de desagravio, que en mi persona hace a los señores Marín Barnuevo, Arce y a mí. Los tres sufrimos al principio de la dictadura injustas y violentas persecuciones que se llevaron hasta el límite de la intervención judicial en nuestra labor administrativa”. Por ello el Partido Conservador intentará centrar su política ante la nueva situación en una fiscalización de todos los proyectos llevados a la práctica por los Concejos de la Dictadura, “durante el lapso de tiempo en que se ha gobernado sin presencia e intervención de minorías, sin dar publicidad bastante a las actuaciones y sin admitir otra orientación que el exclusivo criterio de las personas que gobernaban. Durante estos siete años se ha gobernado de una forma tan clandestina, que la atmósfera de opinión es sumamente contradictoria, no siendo raro escuchar las censuras más violentas y al mismo tiempo las más calurosas alabanzas”, siguiendo el discurso citado de Pérez Gómez en el que se distanciaba de la obra política dictatorial y que parece una afirmación democrática del líder de la Derecha ciezana.