¿Por qué el 1 de enero comenzamos el año?

Francisco Javier Salmerón Giménez

El calendario antiguo de la era romana, denominado el Año de Rómulo, tenía diez meses. En ese momento el principio del año romano no era enero, como en la actualidad, sino marzo, con objeto de poder preparar las campañas bélicas de la primavera y el verano, y llegaba hasta diciembre. Los meses del calendario eran llamados Martius, Aprilis, Maius, Iunius, Quintilis, Sextilis, Septembris, Octobris, Novembris, Decembris. Su duración era de treinta y un días para cuatro de ellos y treinta días para los demás, lo que hacía un total 304 días.

Desde época de la fundación romana, por tanto, el año se iniciaba con los Idus de Marzo. Era el momento en el que se nombraban los nuevos cargos públicos de la República.

Aunque esto cambiaría con el estallido de las guerras celtibéricas y la extraordinaria resistencia que este pueblo opuso al dominio romano. Una de las ciudades donde esta resistencia fue mayor fue Segeda, perteneciente a la tribu celtibérica de los bellos, cuya ciudad estaba cerca de la actual Calatayud, en Zaragoza.

El Senado romano nombró cónsul a Fulvio Quinto Nobilior para atacar la ciudad celtibérica de Segeda, que según su versión había roto el tratado de Graco al estar ampliando su muralla defensiva y lo dotó de un ejército de 30.000 hombres para hacer frente a la situación. Los habitantes de Segeda huyeron entonces hacia el territorio de los arévacos (Numancia), acogiéndose a su protección. Una federación de tribus celtibéricas, al mando del indígena Caro, presentó batalla al cónsul romano en agosto del año 153 a.C., siendo las tropas romanas emboscadas, sufriendo una aplastante derrota a manos de numantinos y segedanos en la que murieron seis mil ciudadanos romanos. Conocida la derrota, el senado nombro ‘nefasto’ ese día (los romanos dividían los días entre fastos y nefastos).

La incidencia de las guerras celtibéricas en la propia Roma queda bien reflejada si consideramos que se llegó hasta el punto de modificar la constitución romana para poder enviar como generales a cónsules de prestigio, antes del periodo de 10 años que debía transcurrir de un nombramiento a otro. Por otro lado, para que el cónsul nombrado pudiera hacerse cargo del ejército al inicio de la campaña en primavera, ya que la guerra en la antigüedad se hacía en primavera y verano, se hizo necesario adelantar el calendario romano a las kalendas de enero (1 de enero). Por tanto, estas guerras cambiaron el calendario romano, porque anteriormente las tropas que partían de Roma llegaban a la meseta cuando junio ya estaba avanzado, por lo que estas perdían un tiempo precioso para hacer la guerra. Por ello Roma se vio en la necesidad de adelantar su calendario a enero.

Como somos herederos del calendario romano, que constituye nuestro año oficial, pues el inicio y el final de un año son al fin y al cabo arbitrarios, podemos decir que las celebraciones que realizamos ese día son consecuencia de las Guerras Celtibéricas.

Mucho después, en el 46 a.C., Julio César decretó un nuevo calendario que por ello se conoce como calendario juliano, un modelo de calendario cuya vigencia es posterior a la conquista romana de Egipto y que fue el predominante en Europa y sus colonias hasta el año 1582, cuando fue paulatinamente sustituido por el calendario gregoriano, de mayor precisión en un 0,002%. César añadió días al año para corregir los desajustes que se estaban produciendo, pues había un desfase de tres meses respecto del calendario solar.

El calendario juliano introdujo un año regular de 365,25 días a lo largo de 12 meses, con un día bisiesto introducido en el de febrero cada 4 años. Para ello se debió contar durante el año previo a su implantación un año de 445 días, denominado el “último año de la confusión”.

La idea de numerar los días surgió posteriormente, herencia de los visigodos.

El calendario juliano tomó como inicio del año el día 1 de enero, como se había hecho desde las guerras celtibéricas, abandonando definitivamente la fecha del 1 de marzo. Posteriormente se renombraron los meses de quintilis y sextiliis como julio y agosto, en honor a los emperadores Julio César y César Augusto, respectivamente. Aunque esa es otra historia.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email
Compartir en telegram