El teatro de Navidad

Toñy Benedicto

Habían rehabilitado el colegio durante el verano. Una de las mejoras consistía en quitar una escalera que ocupaba casi toda la planta baja, cambiándola de lugar. Gracias a la reforma, ahora tendrían un pasillo muy largo y ancho, por lo sería el lugar apropiado para hacer los teatros de Navidad, las funciones de final de curso y aquellas actividades que reunían a todos los alumnos del centro. Como siempre en septiembre comenzaron las clases y también las reuniones de coordinación para preparar las actividades del nuevo curso escolar.

Entre otras cosas decidieron que, el teatro de Navidad se podría hacer muy bien ese año, en el pasillo. El escenario lo pondrían al final, justo delante de una pared y tendrían todo el pasillo, que era muy largo, para colocar las sillas de los alumnos. Si quería asistir algún padre o madre, podrían hacerlo, pues tenían espacio para muchas personas.

En el mes de octubre, la profesora de Religión comenzó con los preparativos del Teatro de Navidad. Primero eligió a los alumnos que harían el papel de Virgen María, San José, los Reyes Magos, unos cuantos pastores y pastoras, mientras que el coro cantaría los villancicos durante la representación.

Para la Virgen María, después de muchas pruebas, se decidió por una niña, que fue quien mejor hacía el papel, se trataba de una niña más bien alta y cuerpo de gran envergadura, con una negra y larga melena y muy guapa —es que, Teresa es una niña muy modosita y tiene cara de Virgen, además me ha dicho que tiene un muñeco tan grande, que parece un niño Jesús —decía la maestra para justificar su elección.

El papel de San José, estaría a cargo de un niño algo menudo y de pelo también moreno.

Se llamaba Pepe precisamente, y la maestra justificó su elección porque en poco tiempo se había aprendido muy bien el papel. Además, con las vestiduras, seguro que será un San José auténtico. Para los Reyes Magos, eligió a tres niños mayores, que vestirían con las túnicas de Semana Santa y barbas postizas hechas de algodón.

El elenco lo completaban seis pastorcitas y seis pastorcitos. Cada uno de ellos portaría como ofrenda, cestos con un poco de fruta, un cántaro, muñecos de peluche imitando a los animales como perros, patos, palomas. En poco tiempo ya tenía conformado a los personajes.

Después se dedicaron, además de los ensayos con las frases que cada uno debía decir, a aprender los villancicos que cantarían al terminar la función de Navidad. Pasó el tiempo y llegó el día en que tenían que representar el teatro que habían estado ensayando durante el trimestre.

La mañana de la función de teatro, llegaron todos, los pastores y pastoras vestidos con los trajes regionales, sus cestas colgadas en el brazo con los regalos. La Virgen iba preciosa con una túnica de color azul clarito, su melena suelta y en los brazos llevaba un verdadero Niño Jesús, de lo grande que era el muñeco.

San José apareció con una vara de almendro descomunal, que le doblaba en altura y que le había proporcionado su abuelo. Todos los maestros se echaron las manos a la cabeza cuando lo vieron entrar, ¡por el peligro que aquello podría entrañar!

Los Reyes Magos parecían auténticos, con sus pelucas y sus barbas. Ya no faltaba nada más que el público.

A la hora del recreo finalizaron las clases. La función de Navidad se representaría una vez que todos hubieran desayunado.

Cuando llegó el momento, cada niño salió de su clase con su silla, organizaron la salida por cursos. Los más pequeños se sentaron delante del escenario hasta llegar a los niños mayores. Todos se fueron acomodando a lo largo y ancho del pasillo, bajo la supervisión de sus maestros.

Comenzaron a llegar los padres, madres y abuelos. Aquello se puso de bote en bote. Los maestros buscaban un lugar por los huecos. Todos los actores fueron ocupando su puesto en el escenario. En primer lugar, a la izquierda del escenario, San José de pie, con su formidable vara de almendro. La Virgen, sentada en el sillón del director, con el niño Jesús en brazos, estaría en medio del escenario. Los Reyes Magos se situaron a la derecha del escenario, los pastores irían subiendo en pareja por la izquierda y poniéndose en corro delante de la Virgen y el niño Jesús.

La función de teatro comenzó como estaba prevista. Cada uno con su parlamento y haciendo entrega a la Virgen del regalo que le traía al niño Jesús, al tiempo que lo dejaban a sus pies. Poco a poco el escenario se iba llenando de regalos y pastores, tantos regalos y personajes había que en el escenario no cabía ni un alfiler.

San José empezó a recular porque los regalos estaban por allí en medio ocupando el espacio y él ya no tenía sitio y además no veía lo que estaba ocurriendo. De pronto, surgió un problema entre San José y la Virgen. San José, se puso delante de la Virgen y con voz atronadora y muy enfadado le dijo: —¡Llevas un muñeco tan grande que no veo!

La Virgen protestó, en voz alta, porque San José se había puesto delante de ella y la estaba tapando e insultando. De pronto, cuando nadie se lo esperaba, la Virgen, muy enfadada, dejó al niño Jesús en el suelo, en medio del escenario y se dirigió hasta donde estaba San José y en un plis-plas le quitó la vara y comenzó a darle varazos al pobre San José, que no había hecho nada más que protestar porque no veía, al tiempo que le decía gritando con todas fuerzas:

—¡Déjame tranquila, ¡qué me estás molestando!

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