Las malas condiciones de vida y la estatura de los ciezanos a finales del siglo XIX

Francisco Javier Salmerón Giménez

El trabajo en la industria espartera era muy duro, en especial para las picaoras, que solían trabajar a destajo y que supusieron una fuerza de trabajo fundamental en el proceso industrial. Lo hacían en penosas y peligrosas condiciones de trabajo, soportando un fuerte ruido en jornadas de trabajo extenuantes picando en turnos de noche y de día.

A pesar de ello, la aparición de la industria espartera sirvió en alguna medida para aliviar la tensión que se estaba produciendo sobre la tierra, sobre todo en momentos de crisis agrarias, que conducían de modo cíclico a la mayor parte de la población hacia una pobreza absoluta, con la compañía del hambre.

En la década de 1890 se sucedieron años de sequía y de inundaciones, nefasta combinación que produjo una situación límite en abril de 1897 cuando la sequía originó la pérdida de la cosecha que impidió realizar la recolección, desapareciendo la posibilidad de encontrar trabajo. La situación de los colonos era todavía peor, y además coincidió con un mal momento para la industria espartera.

Se produjeron protestas importantes, que las actas municipales tradujeron como la algarada que hemos sentido. Tanto como para que presidiera el Gobernador, enviado por Antonio Cánovas del Castillo, una reunión del propio Ayuntamiento y de la Junta de Socorros, acordándose crear una tienda-asilo y construir el camino de la Fuente para poder emplear a vecinos.

De esa forma se solventó el problema o al menos se suavizaron sus síntomas. Pero en 1910 volvieron a asociarse en el tiempo una crisis agrícola y una crisis espartera produciendo una angustiosa situación con la paralización casi absoluta de los trabajos agrícolas y de la industria del esparto debido a la sequía y a su depreciación por la competencia del esparto africano. Crisis que se agravó dos meses después cuando las cosechas fueron destruidas por una monumental tormenta de granizo. Entre 1.600 y 1.800 familias de braceros y trabajadores quedaron sin medio de vida.

El modo de solucionar el grave problema que se planteaba en Cieza cuando coincidían una crisis agrícola y otra espartera era la emigración. Ya en la crisis que se produjo a finales de los 80 se solventó con la masiva emigración de jornaleros hacia África, donde los europeos habían establecido Colonias.

Podemos relacionar la situación descrita con las características físicas de los mozos que fueron alistados para la guerra contra Estados Unidos en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Entre ellos encontramos a 114 varones nacidos en 1879, aunque 12 de ellos habían emigrado de Cieza. El listado del año anterior comprende a 123 jóvenes alistados, parte de los cuales se encontrarían cumpliendo su servicio militar en las colonias americanas o asiáticas. Al realizar las medias de sus alturas encontramos que presentaban una estatura muy baja: 1,597 cm. de media, formando un grupo en el que sólo cuatro jóvenes superaban el metro y setenta, mientras que tres de ellos no alcanzaban los 1,50 cm.

Puede que la cifra fuese algo superior, si contáramos a aquéllos que pudieron redimir su presencia en el ejército a cambio de pagar un dinero, algo que no podemos constatar. Porque el peligro que corrían los jóvenes que partían llevaba a muchos padres hacia la Redención o la Sustitución, acudiendo a cualquier medio por oneroso que este fuese, para liberar a sus hijos del servicio militar.

La baja estatura de los jóvenes ciezanos, la de las jóvenes ciezanas sería proporcionalmente menor, venía motivada por las condiciones de vida descritas, que imponían una nutrición deficiente.

El pan costaba en Cieza por encima de los 35 céntimos en 1892. Con este precio del artículo alimenticio central de la dieta una familia de jornaleros en la que sólo trabajara un miembro de la familia apenas podría comer pan. Aunque se produjo un aumento moderado del consumo de leche de cabra en los años finales del siglo, estableciéndose una demanda creciente que supuso un aumento considerable del ganado cabrío en el Noroeste murciano y en la Vega Baja del Segura. Por el contrario, el consumo de carne siguió siendo muy bajo, componiéndose la alimentación de proteínas vegetales: cereales, leguminosas, patatas y otros vegetales. Acompañados por un producto del mar muy difundido, el bacalao, que salado podía llegar desde la costa.

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