“Al que juzgue mi camino le presto mis zapatos” (Parte 1)

Joaquín Castaño Balsalobre

Hace unos días se celebraba el Día internacional de las personas con discapacidad, con dicho motivo, después de analizarlo, decidí visibilizar a través de las redes sociales un problema que me ocurrió hace unos años, lo hice con la única intención: dejar un testimonio personal sobre una discapacidad, con el único objetivo de hacer visible que los que padecemos alguna discapacidad, hemos sido capaces de superar obstáculos, con mucho esfuerzo, y normalizar el tema de las discapacidades. Soy consciente que no es fácil, para mí no lo ha sido, y soy conocedor de que muchísimas personas las sufren en silencio. Por lo que considero importante dejar el testimonio para que se visibilicen.

Voy a hacer un esfuerzo para reproducir mi testimonio y he de decir que cuando lo hice hace unos días me venían recuerdos negativos que te hacen recordar el dolor de un momento determinado pero que, sin duda, forma parte de nuestra construcción como personas y seres sociales.

Entonces tenía 37 años, era una buena mañana de julio, me levanté e iba a comenzar mi jornada laboral, cuando de repente me percaté que no veía por el ojo izquierdo, rápidamente me eché agua, pensé en un primer momento que estaba todavía dormido, conforme iban pasando los minutos me quería convencer de que era algo pasajero, que sería fruto del cansancio y quizá de un poco de estrés laboral.

Las horas iban pasando y la visión no volvía, tenía una sensación amarga de que algo durante la noche había ocurrido y que yo no había estado presente en ello, había perdido algo para mí, y creo que para cualquier ser humano valioso, como es la visión, en mi caso en el ojo izquierdo.

Las horas pasaban y la visión no volvía, entonces decidí acercarme a urgencias, de repente vi sanitarios ir más rápido de lo normal de un lugar para otro, sinceramente estaba siendo consciente de que algo no iba bien.

Ingresé en el hospital, yo sin asumir que lo que me estaba ocurriendo era más grave de lo que pensaba, me negué a ponerme un pijama del hospital, seguía pensando que era algo pasajero, comenzaron a hacerme pruebas que me daban un poco de vértigo y conforme pasaban los días, en mí se veía un poco de desánimo al ver que no me daban respuesta a lo que me ocurría.

En términos generales de salud estaba perfecto simplemente que no tenía visión en el ojo izquierdo, comenzaron a administrarme corticoides sin saber lo que me estaba ocurriendo, creo que como forma preventiva para que no me ocurriese nada grave, no descartaban nada, lo cual, cada día mi preocupación crecía.

Gracias a una oftalmóloga, junto con el médico internista (uno de los mejores que estuvo en Cieza) de forma casual, después de estar estudiando en profundidad mi caso, encontró un parásito que podría haber provocado una infección ocular y que había dañado el nervio óptico.

Lo más duro fue cuando me comunicaron que los nervios que se dañan no se recuperan y que, a menos que la ciencia no avance lo suficiente, no podré ver jamás.

Entré en un largo proceso de tratamientos que me hicieron ir de la cama al sofá, la medicación era tan fuerte que no tenía ganas de absolutamente nada. Fue un proceso largo y duro, muchas horas en blanco pensado en qué iba a hacer con mi edad y con una pérdida tan grande.

Todo se me había derrumbado, eso aparejado a una serie de accidentes domésticos, como cortes, caídas, golpes… Nuestro cerebro está preparado para la visión binocular, y al perder la visión de un ojo me había quedado con la visión monocular, al principio muy difícil porque no sabes calcular la distancia de los objetos, piensas que algo está más lejos y está más cerca…

Ese proceso de adaptación y de aceptación fue duro, por un lado era el inicio de un hombre nuevo nacido de la dureza de la vida y de la naturaleza. No podía dejar, en ningún momento, que mis miedos, y mi sufrimiento interior fuese captado por mi gente más cercana, mi mujer, mi hija con 5 años, mis padres y un sinfín de familia y amigos que día tras día estaban pendientes de mi evolución. (…)

(En breve se publicará la segunda parte)

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