Saturnales

Francisco Javier Salmerón Giménez

A finales de diciembre se celebraban en tiempos del imperio romano las fiestas Saturnales (Saturnalia), en honor de Saturno, el dios del fuego y de los cultivos. Para poder cultivar, se necesita de la luz y del calor del sol. Por eso los romanos le rendían culto a Saturno coincidiendo con el solsticio de invierno, el período más oscuro del año, cuando el sol sale más tarde y se pone más pronto. Lo hacían para que regresara a calentar la tierra y hacerla fértil, y así pudieran ser prósperos el año próximo.

El 25 de diciembre era la culminación de las fiestas con la celebración en honor del “nacimiento del sol invencible” (dies natalis solis invicti).

Eran las fiestas de la finalización de los trabajos del campo, tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano. Comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno, al pie de la colina del Capitolio, la zona religiosa de Roma. Se trataba de una fiesta muy popular entre los esclavos ya que durante esos días ellos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas. Eran con frecuencia liberados de sus labores y sus amos ocupaban su lugar en una curiosa inversión de roles. De modo que se convirtió en una de las celebraciones más populares del calendario y, sin duda, la más alegre.

En un principio duraban siete días, que se convertían en días de bulliciosas diversiones que las autoridades romanas intentaron acortar en el tiempo, siempre con poco éxito. En ellos los romanos se entregaban, como decimos, a la diversión, participaban en banquetes en casas a las que llegaban entre árboles repletos de adornos, por calles iluminadas por antorchas, pues por todos lados se encendían luces y antorchas en honor de Saturno. Las casas, repletas de velas encendidas para celebrar la nueva venida de la luz, se encontraban adornadas con ramas verdes.

Era costumbre el intercambio de regalos entre amigos y familiares. El poeta hispano Marcial publicó en Roma un mes de diciembre, temporada universal del obsequio como señala Irene Vallejo de quien recogemos la información, catálogos en verso de objetos para regalar: delicias gastronómicas, libros, cosméticos, tintes de pelo, ropa, lencería, utensilios de cocina, adornos… Marcial le dedicaba a cada producto un epigrama que informaba al lector sobre los materiales, el precio, las características o el uso al que estaba destinado.

Durante esa semana grupos de artistas, cantores y bailarines salían por las calles e iban de casa en casa entreteniendo a los vecinos.

Plinio el Joven, un erudito romano que vivió entre los años 63 y 113 de nuestra era, relataba que al llegar las Saturnales se aislaba en unas habitaciones de su Villa Laurentina: “Especialmente durante la Saturnalia, cuando el resto de la casa está ruidosa por la licencia de las fiestas y los gritos de festividad. De esta forma, no obstaculizo los juegos de mi gente y ellos no me molestan en mis estudios”.

Cualquiera que haya leído hasta aquí se habrá dado cuenta de los evidentes paralelismos de las fiestas Saturnales y la celebración del nacimiento del Sol por parte de los romanos con la Navidad que nosotros celebramos en estas fechas: participaremos en banquetes con nuestros familiares, o con nuestros amigos, o con nuestros compañeros y andaremos entre luces, adornos y ramas verdes. Hemos de considerar que los romanos éramos nosotros, nuestros antepasados, pues Hispania formó parte durante muchos siglos, durante muchas generaciones, de Roma. Por tanto lo que haremos de nuevo será ampliar en el tiempo comportamientos y gestos heredados y fuertemente enraizados en nosotros.

La fecha del 25 de diciembre, relacionada con el nacimiento de Apolo, se transformó en la fecha del nacimiento de Jesús, a pesar de que la única información que existía al respecto señalaba que esta había tenido lugar en primavera. Durante el mandato del papa Julio I (337-352) se fijó la solemnidad de la Navidad el 25 de diciembre para la Iglesia de Occidente, relacionándola así con las celebraciones paganas que hemos descrito, con objeto de intentar cristianizar esos ritos paganos o de aprovechar unas celebraciones tan arraigadas entre las gentes.

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