La desaparición de las cajas de ahorros

Francisco Javier Salmerón Giménez

Las Cajas de Ahorros murcianas y alicantinas han desparecido de un plumazo tras la crisis económica de principios de siglo, cuando durante bastante más de cien años habían mantenido su impulso inicial. Ello tiene una gravedad que no ha sido bien percibida por el conjunto de nuestra sociedad.

Desde la fundación de la primera entidad en 1838 (seguimos los trabajos de Ángel Pascual Martínez), sus fines filantrópicos se convirtieron en su seña de identidad más destacada. Este rasgo se concretó en una doble dirección: una actuación pedagógica, plasmada en la difusión de hábitos previsores entre las clases populares urbanas y una actuación económica, a través de la colocación de sus excedentes financieros en el sostenimiento de obras sociales.

La función real que desempeñaron las Cajas en este período fue la de captación del ahorro de forma especializada y, en menor medida, la de banca al por menor. El cumplimiento de su cometido fue posible porque reunieron una serie de condiciones tales como la asunción de su carácter de entidad de beneficencia y moralizante; la especialización en la captación de excedentes de renta entre los grupos populares de las ciudades, labor para la que fueron fundadas.

En Cieza existió el Sindicato Católico Obrero de Cieza, fundado en diciembre de 1919, actuando como su Presidente el liberal Antonio Marín Oliver. Su objetivo era el de facilitar a los agricultores abonos y semillas, así como el instruirlos en su modo de empleo, “sin caer en las garras de la usura”, para lo que fundaron una Cooperativa de Consumo y una Caja de Ahorros, que en 1921 contaba con un capital de 60.000 pesetas. El Sindicato vendía los productos a sus socios con un 10% de descuento sobre los precios del comercio público, quienes pagaban una cuota mensual de 0,50 pesetas. Concedía préstamos y prestaba también un servicio de seguro de incendio de cosechas, contra pedrisco y sobre espartos. Los sindicatos católicos supusieron un intento por consolidar sociedades obreras de influencia católica. Algunos sectores del clero y determinados propietarios promovieron dichos organismos que adoptaron diferentes nombres a lo largo del tiempo. Entre las actividades que llevaron a cabo destacaron labores de propaganda de su ideal societario, alentado por la doctrina católica, pero también desarrollaron otras propiamente asistenciales como la asistencia médica o los subsidios a los socios necesitados.

Con una perspectiva histórica su principal mérito fue conceder la posibilidad de acceder al crédito a las clases populares, cuyos componentes quedaban al margen de este en los circuitos bancarios por lo que debían de comprar todo, pensemos en una casa, en efectivo.

En 1940 se creó la Caja de Ahorros del Sureste de España como resultado de la fusión de las Cajas de Ahorros y Montes de Piedad de Alicante, Elche, Jumilla, Yecla, Cartagena y Murcia (las cito en el orden cronológico de su fundación). Pasaría luego en 1975 a ser la Caja Mediterráneo, con el acrónimo CAM, fruto de la integración en distintas etapas de 29 entidades financieras alicantinas y murcianas. El 22 de julio de 2011 fue intervenida y nacionalizada por el Banco de España, que cesó a los administradores de la entidad para auditarla, recapitalizarla y abrir un proceso de subasta para su adjudicación, la cual se hizo por la ridícula cantidad de un euro al Banco de Sabadell.

La Caja de Ahorros de Murcia que en su creación se denominaba Caja de Ahorros Provincial de Murcia también desapareció, pasando a englobarse en el Banco Mare Nostrum, absorbido después por Bankia y ahora por CaixaBank. Para José Ernesto García del Real (RIP a la Caja Provincial de Murcia) todo empezó con la absorción de las Cajas Rurales, en quiebra técnica, y continuó con malas políticas que dieron lugar a malos resultados, lo que precipitó su venta al necesitar más de mil ochocientos millones de euros.

Como resultado de todo ello cuando uno camina o conduce por la Gran Vía de Murcia puede mirar hacia uno de los imponentes edificios que la dominan y leer CAIXABANK. La emblemática entidad pertenece ahora a una empresa privada catalana, reconvertida en valenciana para sortear el proces.

Todo ello es sabido, pero a mí lo que me interesa resaltar es que este desastre económico y social que ha hecho desaparecer las entidades murcianas, y alicantinas, ha ocurrido sin que nadie levante la voz, sin que nadie se lamente en público. No hablemos ya de pedir responsabilidades.

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