Comprometido con la igualdad: no a la violencia machista

Joaquín Castaño Balsalobre

No sería capaz esta semana, en la que se reivindica el Día contra la Violencia de Género, de escribir otra cosa distinta que no sea la de mi compromiso con el feminismo y con la lucha en contra de la violencia machista.

El 25 de noviembre no es un día para celebrar, sino para reivindicar, denunciar y poner de manifiesto que la violencia machista mata. Según los últimos datos es la principal causa de muerte de las mujeres en el mundo.

Centrándonos en nuestro país, gracias a un Gobierno Socialista, José Luis Rodríguez Zapatero tuvo la valentía de poner en marcha la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género; y es que, hasta entonces, la violencia de género y los asesinatos a las mujeres no se contabilizaban como muertes por violencia de género. Una cuestión muy sencilla para ocultar un problema. A partir de esa fecha se tienen registros de los asesinatos a mujeres.

Antes de la ley orgánica que protegía a las mujeres, recuerdo como la violencia de género parecía que era una ‘problema privado’, que era una cuestión íntima entre parejas, cuando en muchos casos, por el silencio cómplice de muchas familias, vecinos y amigos hombres mataban a mujeres. Ni que decir tiene que esa situación durante el franquismo, bajo el pretexto de ‘no dar escándalos’, provocaba que la mujer tuviera que soportar la violencia desmesurada de algunos hombres que no se respetaban ni a sí mismos.

Como decía, la cosa cambió sustancialmente y junto con la ley la conciencia social de que no era un problema privado pasa a concienciar a la sociedad, era necesaria una ley que protegiese a la mujer frente a la violencia del hombre.

En este sentido, para la defensa de esta posición, recuerdo que en el año 2000, desde Juventudes Socialistas de España, se impulsó la campaña ‘El amor no es la ostia’, que pretendía que las generaciones venideras entendieran la necesidad de vivir en una sociedad en la que imperase el trato de igualdad entre sexos dando instrumentos para aprender a detectar la violencia. Y no fue muy entendida por algunas personas.

Formaba parte de la campaña la distribución de material escolar con información específica sobre los ciclos de la violencia, la estructura de la violencia, tipos de malos tratos, etc.

Recuerdo a la perfección cuando presentamos la campaña en Cieza ante los medios de comunicación. Al poco tiempo de la presentación un joven vecino de nuestro pueblo me paró por la calle y me dijo: “Castaño, no te metas con esos temas que vas a salir perdiendo”. Quedé, lógicamente, atónito, no daba crédito a que un hombre con 10 años más que yo, es decir, tendría 30 años, pudiera estar diciendo semejante disparate, mi respuesta fue tajante: “Cuántos años y muertes vais a necesitar algunos de derechas para daros cuenta de que ese comportamiento no se puede justificar bajo ningún concepto”, a lo que me respondió: “Esas cosas no le importan a la gente”.

Tras 21 años desde aquello, en un fugaz viaje que hice a nuestro pueblo, me crucé a esa persona que me paró por la calle para decirme que denunciar la violencia de género era una cuestión privada, y pude charlar con él, y me recordó la conversación aquella y me dijo: “Castaño, qué equivocado estaba yo con el tema de la violencia de género, mi hermana está sufriendo un calvario con su expareja y si no fuese por todo lo que hacen las administraciones públicas mi hermana no estaría viviendo”, de nuevo me quedé helado y vi cómo se le llenaron los ojos de lágrimas.

Cuento esta anécdota, además de venir al caso, porque en la mayoría de ocasiones con las cosas de la vida no percibimos en términos generales la problemática que existe en nuestra sociedad y tendemos a expresar nuestra experiencia personal sin tener en cuenta la del conjunto de la sociedad.

Me gustaría homenajear con esta columna a todas las personas, especialmente a mujeres, que durante muchos años lucharon en silencio contra el maltrato machista, feministas convencidas de que en un momento determinado peleaban por una causa justa pero incomprendida en el momento por las tradiciones y costumbres.

Ahora, nadie, excepto los cavernarios de siempre, duda de que esta lucha es una lucha justa, que tenemos que seguir ganando terreno a los comportamientos primarios, que día a día tenemos que impregnar de valores a las generaciones futuras para que el día 25 de noviembre no tengamos que seguir denunciando y reivindicando que mujeres mueren a manos de sus parejas y exparejas por el simple hecho de ser mujeres.

Espero que dentro de otros 21 años nuestra sociedad haya avanzado lo suficiente, que nuestra generación haya inculcado valores de tolerancia, respeto e igualdad a nuestros hijos, y que en términos generales seamos una sociedad más justa, más democrática y más decente.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on telegram