Adicción a las compras

María Guirao – Psicóloga

La época de la Navidad se acerca y estas fechas están íntimamente relacionadas con las compras y el consumo. Esta semana en concreto es la semana del ‘Black Friday’, en la cual infinidad de tiendas exponen sus productos en oferta. En esta misma línea, es una obviedad decir que vivimos en una sociedad de consumo, mucho tiempo en nuestro día a día lo orientamos en las compras, no solo en el hecho de comprar, sino el buscar aquello que queremos tener. Hoy en día es muy fácil comprar, sobre todo desde que las compras online llegaron para quedarse.

En la actualidad existe un término para referirse a la adicción a las compras o a las compras compulsivas, la oniomanía, y consiste en cuando una persona compra desmesuradamente, por encima de sus capacidades materiales y sin capacidad de control de sus impulsos de compra. En las compras compulsivas la acción de comprar suele tener la motivación de reducir el malestar emocional de la persona que compra.

El ciclo de la compra compulsiva suele tener cuatro fases:

  1. La anticipación: en la que existe una preocupación a la falta de control de impulsos en la conducta de comprar.
  2. Preparación: en la cual durante un tiempo se comparan precios en páginas web, se va a la tienda y se observa los objetos que se quieren comprar.
  3. Compra: en ese momento la persona siente cierto placer.
  4. Gasto y desilusión: los sentimientos de culpabilidad que surgen tras sentir que no se ha controlado el impulso de comprar.

En muchas ocasiones las personas que realizan compras compulsivas lo hacen de manera poco consciente como una forma de gestionar su malestar emocional. Muchas veces existe una sensación de vacío emocional y se piensa que lo que se va a comprar va a ser suficiente para llenarlo. Aunque sí hay una sensación placentera al principio, pasado un tiempo la persona sigue con ese vacío y por ello se mantiene el ciclo anteriormente mencionado.

Si esta conducta de comprar desmesuradamente se mantiene en el tiempo la persona sufrirá consecuencias negativas. Por un lado, el gasto económico que suponen las compras compulsivas puede que les genere dificultades para su mantenimiento financiero. Y, por otro, los sentimientos de culpa y vergüenza (quizás) por no gestionar de forma equilibrada su conducta de compra les puede llevar a un estado emocional de tristeza y desesperanza.

Desde mi punto de vista, creo que es complicado manejar de forma sana hoy en día el hábito de comprar, para muchas personas, y en estas fechas que se acercan la dificultad crece. Hay muchas formas de reducir la conducta de compra como, por ejemplo: realizar un control de gastos o salir de casa con el dinero necesario. Aunque en muchos casos esto se ha intentado y se sigue con el mismo patrón impulsivo. En esos casos es muy recomendable, en primer lugar, entender que se necesita ayuda y, en segundo lugar, buscar ayuda psicológica.

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