Y Abarán rompió su aislamiento

Francisco Javier Salmerón Giménez

Desde que Abarán nació como una alquería del municipio musulmán de Ricote las dificultades de comunicación constituyeron el principal problema de su población. Encerrada en el valle de Ricote y bañada por el río Segura pero sin caminos naturales con las principales vías utilizadas históricamente, con la excepción de la rambla del Judío que sus habitantes habían de transitar para llegar al camino de los romanos. Curiosamente la tradición ha mantenido este nombre en un tramo de la antigua calzada que unía Complutum con Cartagonova, muy similar a los distintos trazados que en cada época histórica se han realizado.

La calzada unía la actual Cartagena con los municipios romanos en su discurrir hasta el interior para lo que debía superar el puerto de La Losilla, que debe su nombre al camino que lo cruzaba, y donde se encontró un miliario entre los términos de Archena y Ulea, único ejemplo de hito con la numeración conservada. Cuando se comenzó a construir la autovía se hallaron cuatro tramos desconectados con sus respectivas roderas a cuatrocientos metros del puerto de Losilla según Jesús Joaquín López Moreno.

De modo que para acceder a esta vía importante había que realizar unos pocos kilómetros, pero de gran dificultad, y en los que no podían utilizarse carros. Podía transitarse por la rambla del Judío o llegando hasta Cieza, por las sendas cercanas al río en los tiempos del asentamiento de Siyasa o atravesando Bolvax, la antigua Segisa romana ya deshabitada, en tiempos más recientes.

Los colonizadores provenientes de Hellín debieron de acceder a la pequeña alquería denominada Abarán por la ruta de la rambla. Una comunidad mudéjar compuesta por veinte familias que repobló el caserío abandonado, según Luis Lisón Hernández. Entre sus apellidos encontramos Gómez, Yelo, Tornero o Molina y su establecimiento constituyó la raíz de la comunidad abaranera posterior, que vivió en un severo aislamiento mucho tiempo, por lo que raramente se concertaban matrimonios con vecinos de Cieza o de Blanca.

Cuando a finales del siglo XIX se completó la formación de un mercado mundial de productos agrarios, Abarán quedaba por ello fuera de él. Fue una oportunidad de progreso para quienes produjeran excedentes comercializables a través de la ampliación del regadío y la diversificación de una producción hortofrutícola orientada al mercado. Para ello se desarrollaron potentes artefactos elevadores de agua que ampliaron las zonas regables. En el Valle de Ricote se produjo una expansión de los frutales.

Pero el aislamiento de Abarán imposibilitaba el aprovechamiento de esta coyuntura. Su única posibilidad era la construcción de carreteras para conectar con ese mercado que abría tantas posibilidades económicas.

En esos años, imperaba en España el sistema caciquil. En la comarca de Cieza la referencia era Cánovas del Castillo. Y, como sabemos, el diputado por el distrito de Cieza podía convertir en realidades los proyectos de abaraneros y ciezanos. Abarán tenía también hilo directo con Cánovas a través de Domingo Gómez Gómez, alcalde en distintos períodos, para quien la ansiada carretera fue su principal objetivo, consiguiendo la vital carretera que la uniría con la Estación de Blanca cuando sólo unos meses antes la carretera de Cieza a Abarán había sido asumida por el estado, lo que abría su conexión con la red nacional de carreteras.

Tras el asesinato de Cánovas, Juan de la Cierva se hizo el control del partido conservador murciano, debiendo los políticos locales pasar por su despacho en busca de cualquier mediación. A comienzos de la década de 1910 los propietarios abaraneros, en un intento de ampliar la tierra de cultivo fuera del ámbito directo del río, planearon convertir las tierras de la Hoya del Campo en regadío, incluyendo las citadas tierras en la nueva zona de riegos del Segura a través de la instalación de un motor que recibió el nombre de ‘Resurrección’, según recoge Carrasco Molina. Para ello tuvieron que llegar hasta La Cierva a través del ciezano Juan Pérez, quien al frente de una Comisión se presentó en su despacho. A partir de aquí, la gestión correspondía a De la Cierva y el ministro de Fomento remitió un telegrama comunicando la decisión adoptada. Y el Motor Resurrección elevó el agua de la Acequia principal a 137 metros, convirtiendo en regadío setecientas hectáreas de secano para un colectivo de pequeños propietarios.

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