ETA es pasado

Joaquín Castaño Balsalobre

Ahora se cumplen 10 años del fin de ETA, de una de las herencias más trágicas del franquismo. En la actualidad, España es un país mejor y más decente que hace 10 años gracias a la contribución de los distintos gobiernos democráticos de este país, pero sobre todo a las políticas decisivas del Gobierno de Zapatero, que supuso definitivamente que ETA dejara de matar.

El tiempo es el gran misterio de nuestra existencia y, seguramente, al echar la vista atrás en acontecimientos como el fin de ETA hay dos sentimientos que se mezclan: el recuerdo trágico y la esperanza que se produjo con el fin de la violencia.

Con gran fortuna la democracia superó la última gran asignatura, que era que no hubiera violencia amparada en supuestas causas políticas.

Sin duda, la esencia es la capacidad de resistencia de una sociedad democrática y la forma de no admitir el asesinato y admitir los votos y convivencia.

¿Cuál fue el factor final? El proceso de diálogo que se abrió con la banda terrorista ETA, el encuentro de Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi… Eso abrió un camino que creció, creció y creció, permitiendo algo que estaba ya en la izquierda abertzale, ver hasta dónde nos llevaba esto. Si eso no se hubiera producido es probable que no se hubiera producido el final.

Ahora sabemos que la terrible inercia de una organización que decide matar sin conseguir objetivos es muy difícil. Exaltar la política, el diálogo, la capacidad de persuasión de los valores democráticos fue imprescindible.

Ahora, la perspectiva lógica del tiempo nos dice que esas negociaciones dieron sus frutos y fueron acertadísimos, teniendo en cuenta que todos los gobiernos de la etapa democrática intentaron con ETA el camino de la paz, desde la UCD con Adolfo Suárez hasta el PP de José María Aznar (recuerdo aquella rueda de prensa diciéndole al pueblo español que se había abierto un proceso de diálogo con el Movimiento de Liberación Vasco=ETA).

Atrás quedaron familias destrozadas y muchas víctimas y muchos muertos que el Estado ha honrado a través de leyes de víctimas, nunca lo suficiente para lo que cuesta una vida, pues esto no mitigará el dolor de las familias, pero sí lo hará, de algún modo, el Estado, respondiendo a la necesidad de reparación.

Atrás quedan los trágicos años en los que ETA era noticia por sus asesinatos, bien a militares, a fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, a políticos… todos inocentes, porque una vida vale más que cualquier idea, sobre todo si esa idea se quiere imponer por la fuerza.

Atrás quedaron los años en los que simples jóvenes que eran representantes de organizaciones juveniles, como JSE (Juventudes Socialistas de España), tenían que llevar escolta, y después de una reunión tenían que revisar los bajos de los coches, eso no era libertad. La libertad en este país se ha alcanzado de forma completa cuando ETA ha dejado de sembrar el terror.

No puedo olvidar cómo a uno de los compañeros de JSE intentó ETA arrancar su vida, a Eduardo Madina, recuerdo a la perfección aquel atentado, las sensaciones que se produjeron. Afortunadamente el compañero Edu se salvó, se dejó por el camino una parte de su cuerpo, pero nunca habló de ETA con el rencor ni el odio que muchos representantes de la derecha española también quieren patrimonializar.

Para parte de la derecha española ETA es una consigna, para algunos líderes de derechas ETA fue un comodín con el que ganar votos. Algunos se olvidaron del dolor y hablan de ETA en términos electorales cuando esta organización dejó de sembrar el terror hace 10 años gracias, en gran medida, a José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba, Jesús Eguiguren y Patxi López.

Que ETA es pasado es una obviedad, lo que no tiene mucha lógica es el sentimiento que parte de la derecha vuelca a la sociedad española haciéndonos creer a los españoles que ETA sigue viva.

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