Una nueva amenaza tras la sombra de USA-China

En mi último artículo, comentaba sobre la derrota/salida de EE.UU. de Afganistán (https://tinyurl.com/9z485ah6). Mencioné el hecho que la mayoría de los gobiernos lamentaban la vuelta de los Talibanes al mando del país. Por ejemplo, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, pidió al Consejo de Seguridad de la ONU que «utilice todas las herramientas a su alcance para reprimir la amenaza terrorista global en Afganistán y garantizar que se respeten los derechos humanos básicos.” También, el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, dijo que el presidente Biden «está preparado para dirigir a la comunidad internacional sobre este tema. Se preocupa apasionadamente por estas cuestiones de derechos humanos. En ese momento, dudaba que esas “lastimas” incluyeran la intervención militar y así ha sido.

Pero no todos se apresuraron “aconsejar» a los talibanes. Así es que, Rusia y China,[1] preocupados que la victoria de los talibanes podría alentar levantamientos islamistas en sus propias esferas de influencia, así como un incremento del comercio de la droga y/o influjo de refugiados, comenzaron a «construir lazos con los talibanes y acogieron funcionarios talibanes incluso antes de que el ejército estadounidense completara su retirada de tropas.

La historia de Afganistán como cementerio de imperios sigue escribiéndose. Muchos han intentado conquistar Afganistán sin éxito.  Desde Alejandro Magno hasta el Imperio mongol dirigido por Genghis Khan; desde el Imperio Timurid de Timur al Imperio Mughal; desde varios imperios persas hasta el imperio Sij; desde Gran Bretaña a la URSS. ¿Será el turno de Estados Unidos?

Desde el final de la Guerra Fría, marcada por la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos ha sido reconocido como la única superpotencia. Sin embargo, durante ese tiempo, el mundo ha sido objeto de una variedad de conflictos regionales que Estados Unidos no ha podido controlar. Además, durante el mismo tiempo, Estados Unidos ha visto cómo los intereses corporativos y privados centran su atención en los beneficios a corto plazo. Las amargas rivalidades políticas han llevado a numerosos estancamientos y a un déficit presupuestario cada vez mayor, que hoy se acerca a los 30 billones y que muchos expertos predicen que no se puede, ni nunca se pagara.

Por lo tanto, hemos regresado a un mundo bipolar. Es decir, un duopolio de superpotencias donde la fuerza compensatoria contra Estados Unidos es China.

En casi todas las métricas financieras, China eclipsa a la mayoría de los países. En 1990, su PIB era de aproximadamente $ 400 mil millones en dólares corrientes. Pero con una tasa de crecimiento anual del 13%, el PIB actual se sitúa en 15 billones de dólares. Durante este tiempo, la economía de EE. UU. creció un 4,35% anual. En 1990, 750 millones de chinos vivían por debajo del umbral internacional de pobreza de 1,90 dólares al día establecido por el Banco Mundial. Hoy, menos de 10 millones ganan menos que eso. Hay 100 millones de hogares con $ 110,000 en riqueza familiar en China, en comparación con 99 millones en los EE. UU.

Las fábricas de China producen el 28% de los bienes del mundo (Estados Unidos ocupa el segundo lugar con el 17%). Su sofisticada cadena de suministro es esencial para la economía digital, aunque estas últimas semanas esa cadena “justo a tiempo” (just in time) se ha roto y está causado una cascada de problemas.

En los últimos 20 años, China se ha convertido en el principal socio comercial de tres veces más países que EE. UU. Su Iniciativa “Correa y Camino” está extendiendo la influencia (y la deuda) de Beijing en todo el mundo en desarrollo, con una inversión proyectada de $ 1.2 billones en 60 países para 2027. También es cierto que la mayoría de los países que han firmado contratos con China para esa iniciativa se están dando cuento de lo unilateral (a favor de China) que son, y están intentando echarse para atrás. China ha exportado más de 500 millones de dosis de vacuna Covid. Estados Unidos ha enviado 110 millones.

Pero que el gran olvidado de todo esto no es Rusia, si no India. Desde la creación de Pakistán como país, India y Pakistán han estado en un conflicto abierto. Y es que las fuerzas de seguridad paquistaníes habían fomentado durante mucho tiempo a los talibanes afganos, apoyando eficazmente su duro gobierno en el Afganistán de los años noventa. De hecho, cuando los talibanes estuvieron en el poder por última vez hace 20 años, Pakistán fue uno de los pocos países que reconoció formalmente a su gobierno. Y cuando los talibanes tomaron Kabul de nuevo, el primer ministro paquistaní, Imran Khan, declaró que el grupo estaba «rompiendo las cadenas de la esclavitud». Tras la invasión de Estados Unidos, se alega que Islamabad acogió a líderes y combatientes talibanes en su territorio, lo que socavó los esfuerzos de Estados Unidos para derrotar a la milicia islamista. Algunos analistas también sospechan que el entrenamiento y la asistencia táctica de Pakistán ayudaron a los talibanes a llegar rápidamente al poder en Afganistán. Pero para India, lo que le importa es que Pakistán ve a los talibanes afganos como un socio en cualquier lucha futura contra India, aunque el gobierno pakistaní ha descartado oficialmente la idea de que apoya activamente a los talibanes afganos.

India y Pakistán comparten una frontera de 2.570 km, son socios comerciales importantes y existen numerosas conexiones culturales, étnicas y religiosas. De hecho, el expresidente afgano, Hamid Karzai, describió una vez a los dos países como «hermanos inseparables». Sin embargo, a la India le preocupa que las Fuerzas Aéreas pakistanís se han beneficiado de los lazos más estrechos con China en los últimos años.[2] Así es que las fuerzas aéreas chinas-pakistanís realizan regularmente ejercicios conjuntos, e incluso han desarrollado conjuntamente un avión de combate polivalente de cuarta generación del cual Pakistán tiene más de 100. Y ahora, China y Pakistán están planeando actualizar la flota de aviones de ataque de Pakistán. También China ha anunciado la venta de 50 drones de combate a Pakistán.

Por su parte, Pakistán tiene sus problemas con el Talibán y es posible que el triunfo de los talibanes afganos en agosto no sea una victoria a largo plazo para Pakistán. La victoria ha envalentonado a grupos como los talibanes paquistaníes, que durante mucho tiempo han utilizado ataques terroristas y otros medios para tratar de derrocar al gobierno paquistaní. La crisis de refugiados provocada por la victoria de los talibanes en Afganistán también pondrá a prueba a Pakistán, que ya acogió a numerosas personas desplazadas del país vecino.[3]

Pero la amenaza aérea no solo viene de Pakistán, si no que la amenaza aérea de China es muy clara después del enfrentamiento mortal del año pasado a lo largo de su disputada frontera con India.

India tiene una historia más larga de operaciones aéreas en el área, pero China está construyendo y expandiendo rápidamente bases aéreas y defensas a lo largo de sus fronteras occidentales. ¡Y debemos recordar que India y Pakistán son países con misiles nucleares!

No he de sorprender que, hace poco, al final del desfile anual del Día de la Independencia de la India en Nueva Delhi, la Fuerza Aérea de la India mostró su inventario de aviones. Los sobrevuelos incluyeron aviones de transporte, helicópteros artillados, cazas y cazabombarderos. Y es que las fuerzas militares de India se encuentran en medio de un esfuerzo masivo de modernización y expansión.

Enfocada durante décadas en la amenaza de su archirrival Pakistán, India ahora está preparando su fuerza aérea para luchar contra otro enemigo mucho más grande: China.

Con aproximadamente 2.000 aviones de combate de su fuerza aérea y marina, China tiene la fuerza de aviación más grande de Asia y la tercera más grande del mundo (la primera es la de los EE.UU.). Lo que es peor para India, la relación cada vez más estrecha de China con su archirrival Pakistán está dando como resultado una cooperación militar más estrecha, incluido el desarrollo conjunto de aviones de combate. Ante el potencial de una guerra aérea contra dos enemigos, el ejército indio está aumentando su tamaño y capacidades.

De todo esto se podría concluir que, aunque el mundo parece estar enfocado en lo que va pasar con Taiwán[4], quizás la polvera más inminente de explotar es India-Pakistán-China-Rusia.

La gran diferencia del tiempo de la Guerra Fría, y es muy importante, es que China y EE.UU. están unidos fiscalmente. Estados Unidos es la contraparte financiera más importante de China, salvo Hong Kong. Los mercados estadounidenses han sido fundamentales para la recaudación de fondos de las empresas chinas, y Estados Unidos es donde el gobierno y los ahorradores domésticos buscan reinvertir los excedentes y los ahorros. La cifra oficial es de 1,8 billones de dólares. Pero varios expertos opinan que había hasta 3,3 billones de dólares en tenencias de bonos y acciones bidireccionales entre Estados Unidos y China (incluidos los valores mantenidos en las reservas de los bancos centrales) a finales de 2020, casi el doble de cifra oficial. También se estima que las tenencias chinas de valores estadounidenses alcanzaron los $ 2,1 billones, compuestos por $ 700 mil millones en acciones y $ 1,4 billones en títulos de deuda emitidos por entidades estadounidenses a fines de 2020.

Es posible que, con tal entrelazamiento de intereses financieros, una guerra, de cualquier naturaleza, devastaría el mundo, ya sea físicamente o financieramente. Sin embargo, la historia tiende a repetirse y el papel de India-Pakistan con Rusia -China queda por desarrollarse. Lo claro es que es una pólvora de la cual poco se habla en los medios de información. Una cosa es segura, el orden mundial ha cambiado y nos afectara a todos. Queda por saber cómo.

[1]     Recordar que China comparte su frontera con Afganistán y que Afganistán comparte fronteras con lo que Rusia considera los países (los “stan”) bajo su influencia y que le protegen de una posible invasión de los países de la OTAN.

[2]   Las Fuerzas Aéreas indias consisten en más de 1.000 aviones Irónicamente debido al estrechamiento de Rusia con China, desde la independencia de la India, la flota consiste principalmente de aviones rusos fabricados íntegramente en Rusia o con licencia para producción local, aunque también consta de F-16s americanos y otros modelos europeos.

[3]     El país ya tiene alrededor de tres millones de refugiados afganos de guerras anteriores y, con su economía devastada, no puede permitirse el lujo de mantener a más.

[4]     Para China, Taiwán sigo siendo de su dominio y asegura que recuperara la isla como hizo con Hong Kong. Cada día vuelos de bombarderos y aviones de caza chinos penetran en la zona defensiva de Taiwán probando las defensas del país. Por su parte, Taiwán no quiere formar parte de China. El gobierno de Taiwán es reconocido como tal por solo 14 de los 193 países del mundo, más el vaticano, aunque tiene promesas diplomáticas de varios países (entre otros los EE.UU.) que se defenderá el derecho de la isla a su independencia. Pero ningún país se ha atrevido asegurar esa defensa militarmente. Las apuestas son altas pues la mayoría de los chips de alta tecnología se fabrican en Taiwán y quien controla los chips, controla el mundo.

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