Alfonso Sastre y la Muestra de Teatro de Cieza

Francisco Javier Salmerón Giménez

Hace unos días murió el dramaturgo Alfonso Sastre. Puede ser una coincidencia, pero poco antes comenté con unos amigos una anécdota personal referida a él y ocurrida por los años 80: pero, ¿tú conociste a Alfonso Sastre?, se asombraron.

El 11 de agosto de 1987 se representó en el Auditorio hoy conocido como Gabriel Celaya su obra maestra, La taberna fantástica, representada en la escena por El Brujo. Con ese motivo desde la Muestra de Teatro de Cieza lo invitamos a venir y le entregamos una distinción. Estuvo a nuestro cuidado un par de días, suficientes para establecer una relación que permaneciera en mi memoria.

Junto con Buero Vallejo, Sastre se rebeló contra el teatro español de posguerra, abriendo inéditos caminos, denunciando en sus textos la violencia y la injusticia social existente. En su caso su arte era completamente rupturista y crítico con el régimen político franquista. En los 60 había iniciado el ciclo Teatro Penúltimo, en el que destacó La taberna fantástica, que la censura prohibió representar, de modo que la obra no subiría a los escenarios hasta 1985, comenzando entonces a recibir reconocimiento internacional.

Y dos años después se representó en Cieza, en el contexto de la Muestra de Teatro que venía desarrollándose, patrocinada desde el Ayuntamiento, todos los meses de agosto. Su nivel fue muy alto, pues llegaron hasta aquí los mejores grupos, las mejores compañías y los mejores actores españoles. Personas de Cieza y de pueblos próximos llenaban aquellas noches las graderías del auditorio, llamadas por el éxito de las obras seleccionadas y los precios asequibles que establecimos.

Y digo establecimos porque el peso de la organización recaía en un grupo de jóvenes que mantuvimos verano tras verano el pulso de esta experiencia cultural que me atrevería a denominar única (en nuestra zona geográfica, claro): Jose Carlos, Jose el Colao, Concha Batres, Juan Ramos, María José, Perico Gige y Jose, Manola y yo mismo.

Semanas intensas de las que guardo recuerdos y de anécdotas interesantes: Viví junto al Tricicle el momento televisivo en que se hicieron famosos, antes de comenzar su actuación, lo que atrajo a una avalancha de gente, más de las que cabían claro. Pero ¿cuál era la capacidad del auditorio? Fuimos vendiendo las entradas mientras se llenaban las gradas y la impaciencia de los que querían entrar se dirigía hacia mí. Recuerdo también cuando en el antiguo Capitol Jesús Puente junto a su compañía decidió detener la representación por el ruido, ya que el sistema de aire acondicionado era algo anticuado: frente a un ventilador se ponían bloques de hielo de modo que el frío que despedía llegara hasta los espectadores. En fin, recuerdo en la etapa final, en la que también se ofrecían interpretaciones musicales, subiendo a la estación en mi coche a Amancio Prada mientras el correo de la noche anunciaba su llegada con fuertes pitidos.

Al margen de anécdotas, creo que alguna vez habrá que hacer una historia de la ya histórica Muestra de Teatro.

Alfonso Sastre no estaba entonces sobrado de reconocimientos y el que recibió en Cieza fue importante para él. Hablamos durante todo aquel día y me pareció una persona muy interesante, aunque detectamos el deslizamiento que había realizado hacia la política radical vasca en compañía de su esposa Eva Forest, algo que me llamó mucho la atención, tanto que es lo que más recuerdo de nuestra conversación.

El encuentro sirvió para que los miembros de La Sierpe y El Laúd establecieran afectos con él, manteniendo una larga relación con este gigante de la escena y hombre comprometido con las libertades, como lo define mi amigo Ángel Almela en su muro de facebook, por quien conocí su muerte.

¡Ah! Olvidaba contar la anécdota: pensé en llevar a Alfonso Sastre esa mañana de agosto a visitar Siyâsa, que entonces comenzábamos a escavar, y tras un rato de visita se guareció, completamente rojo, bajo el único y raquítico árbol de la zona. ¡Paco, espera! Con rapidez lo bajé al pueblo y lo llevé al bar de la Plaza de España, donde tomamos una cerveza. ¿Quieres algo más?: Sí, otra cerveza. Él se recuperó y yo me tranquilicé. He pensado mucho en qué hubiese dicho la Wikipedia de mí si las cosas hubiesen salido de otro modo aquel lejano día de agosto.

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