Afghanistan

Juan Pedro Ruiz Guerrero

Esta última semana de agosto de 2021 ha sido desgarradora. Hemos visto demasiadas fotos de desastres naturales, así como devastadores incendios y huracanes, rascacielos en llamas o terremotos que abren la tierra, entre otros, que han dejado innumerables muertos y personas sin hogar. Sin mencionar el constante goteo de muertes causadas por el Covid-19; queda aún por descubrir si este es el trabajo de laboratorios dedicados a la guerra biológica[1] o de causas naturales.[2]

Sin embargo, la portada de casi todos los periódicos del mundo la ha ocupado un desastre provocado por los hombres: la reconquista de Afganistán por parte de los talibanes y la evacuación apresurada y aparentemente mal planificada tanto de afganos como no afganos que ayudaron a las fuerzas estadounidenses y de la OTAN.

Afganistán parece estar al borde de un precipicio. La televisión, los periódicos y las redes sociales muestran a miles de personas desesperadas por huir de lo que será la vida bajo una estricta ley Sharia.[3] Algunos estaban tan desesperados por escapar de los talibanes que se aferraron a un avión militar en pleno despegue, cayendo después hacia la muerte. Mientras tanto, el presidente del país, Ashraf Ghani, huyó lo más rápido que pudo, supuestamente con una gran cantidad de dinero. Las mujeres, en particular, corren el peligro de regresar a tiempos prehistóricos: imágenes de mujeres cubiertas con burqas e incapaces de salir de casa sin un acompañante masculino; niñas y jóvenes privados de educación; la música y el entretenimiento en general han sido prohibidos… toda una interpretación de lo que es la “ley” Sharia para los talibanes, hecha por hombres, para hombres y contra mujeres de todas las edades.

En apenas unos meses, los talibanes deshicieron dos décadas de esfuerzos del pueblo afgano y de la comunidad internacional para construir un estado decente, seguro para todos, mujeres y niños incluidos, y que funcione de manera democrática. En esos 20 años, la comunidad internacional aparentemente ha desperdiciado billones de dólares (más de $ 2 billones solo por Estados Unidos) y muchos miles de vidas en Afganistán, que ahora ve lastrados sus esfuerzos por introducir la democracia en una tierra tribal.

Entre los miles de millones desperdiciados en Afganistán, podemos contar $ 83.000 millones que se destinaron a armar y entrenar al ejército afgano, aunque parece que los beneficiarios serán los talibanes que han recogido una gran cantidad de material militar, incluidos aviones (aunque si pueden volarlos o no, es un tema diferente). Esa suma representa casi el doble del presupuesto del año pasado para todo el Cuerpo de Marines de los EE. UU. y es un poco más de lo que Washington presupuestó el año pasado para la asistencia mediante cupones de alimentos a unos 40 millones de estadounidenses.

Gran parte de la «culpa» la tiene la comunidad internacional, que no logró comprender y “conquistar” la naturaleza tribal de Afganistán, la topografía difícil, la complejidad étnica y las lealtades tribales y locales que producen una fragmentación política duradera. Tampoco pudo, o no quiso, eliminar el vasto nivel de corrupción que tragaron gran parte de los fondos destinados a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. De hecho, uno de los factores en la derrota de las fuerzas afganas ha sido la corrupción; así es como el Pentágono pagaba los sueldos de las tropas afganas. Pero, con demasiada frecuencia, ese dinero, y cantidades incalculables de combustible, fueron desviadas por oficiales corruptos y supervisores del gobierno que ‘cocinaron’ los libros, creando «soldados fantasmas», para que los dólares malgastados siguieran llegando.

Es muy triste porque se lograron avances significativos en los derechos de las mujeres y los niños, al menos en Kabul. Aunque sí es verdad que parte de la misión tuvo éxito, ya que los EE.UU. no sufrieron ningún ataque terrorista durante ese periodo, ni Al-Qaeda pudo llevar a cabo un gran ataque en el extranjero desde los atentados con bombas en Londres en 2005.

¿Volverán los talibanes a proporcionar un puerto seguro a Al Qaeda o grupos terroristas similares? Quizás, pero probablemente no. Primero, los talibanes no han necesitado a Al-Qaeda para luchar contra las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN, ni para reconquistar Afganistán en unos pocos meses. En segundo lugar, esas organizaciones terroristas sin duda se han reagrupado en otros países donde ahora están escondidas y organizadas. Probablemente sea irrelevante si, como cree la mayoría de observadores, los talibanes desearan mantener medidas que les den legitimidad y apoyo internacional a cambio de no albergar a esas organizaciones. La sola idea de que a los talibanes les importe la legitimidad internacional, cuando nunca lo han hecho, es evidentemente absurda. Seguramente son conscientes de que no pueden obtener tal legitimidad mientras insistan en vivir en la Edad Media y nieguen los derechos y libertades fundamentales; mientras que su visión de la justicia consista en lapidaciones, amputaciones y ejecuciones públicas. Aunque, en Estados Unidos muchos reflexionan sobre si una muerte por inyección letal o en la cámara de gas es más “humana”.

La mayor parte del mundo ha «aconsejado» a los talibanes que garanticen los derechos humanos básicos. Sin embargo, eso va en contra de la estricta interpretación de la Sharia por parte de los talibanes.

Así es que el secretario de Relaciones Exteriores británico, Dominic Raab, dijo que Gran Bretaña utilizaría todos los medios que tiene a su disposición para hacer que los talibanes rindan cuentas en Afganistán, aunque se supone que eso no vendrá acompañado de una intervención militar. Mientras tanto, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, pidió al Consejo de Seguridad de la ONU que «utilice todas las herramientas a su alcance para reprimir la amenaza terrorista global en Afganistán» y garantizar que se respeten los derechos humanos básicos. Y, por otra parte, el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, dijo que el presidente Biden «está preparado para dirigir a la comunidad internacional sobre este tema. Se preocupa apasionadamente por estas cuestiones de derechos humanos». Sin duda eso tampoco incluye la intervención militar.

Pero no todos se apresuran a «aconsejar» a los talibanes. Rusia y China, preocupados por la victoria de los talibanes, que podrían alentar levantamientos islamistas en sus propias esferas de influencia, han comenzado a «construir lazos con los talibanes y han acogido a funcionarios talibanes incluso antes de que el ejército estadounidense completara su retirada de tropas».

La historia de Afganistán como cementerio de imperios sigue escribiéndose. Muchos han intentado conquistar Afganistán sin éxito.  Desde Alejandro Magno hasta el Imperio mongol dirigido por Genghis Khan; desde el Imperio Timurid de Timur al Imperio Mughal; desde varios imperios persas hasta el imperio sij; desde Gran Bretaña a la URSS. ¿Será el turno de Estados Unidos? La historia dirá mientras el mundo se pregunta si esa guerra ha valido la pena. Lo que está claro es que la gran mayoría de políticos y militares, así como los afganos, se preguntan: “¿Y ahora qué?”

En mi próximo artículo exploraremos la importancia de la guerra en Afganistán desde el punto de vista geopolítico.

[1]     Solo en Estados Unidos se sospecha que hay más de 200. Hay por lo menos 9 en África, ubicados en Senegal, Guinea, Sierra Lene, Liberia, Costa de Marfil, Uganda, Kenia, Tanzania, Camerún. Otros países que se sabe, o se sospecha, ubican este tipo de laboratorio incluye: Canadá, China (en Wuhan, entre otros sitios), Cuba, Francia, Alemania, Irán, Iraq, Japón, Israel, Rusia, Corea del Norte, África del Sur, Siria y Inglaterra.

[2]     Aunque existe una serie de tratados que prohíben el desarrollo y el uso de armas biológicas, el primero firmado en 1874 en Bruselas, ninguno preveía un procedimiento de verificación. De forma que varios gobiernos, grupos e individuos las han utilizado tanto de forma abierta como encubierta.

[3]     Una revisión de la historia muestra claramente que Sharia, que significa «camino», no se excluye mutuamente de los derechos de la mujer. De hecho, el islam es una fe que otorgó a las mujeres derechos sin precedentes históricamente, como el consentimiento antes del matrimonio, la posibilidad de divorciarse, la independencia financiera y la herencia de propiedades.

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