Cuídame que estoy soltero

Toñy Benedicto

Antonio, exportador de frutas, estaba de viaje cuando nació su hijo. El encargado general de la empresa, que se llamaba Emiliano, fue quien registró al niño en el Registro Civil bajo nombre de Emiliano, pues iba a ser su padrino de bautismo. A ese niño a pesar de llamarse Emiliano, en su casa, en la escuela, los amigos y vecinos, siempre le llamaron Antonio, como su padre. Antonio, creció, se hizo mayor, se echó una novia que era del pueblo vecino. Se casó en el Ayuntamiento del pueblo de su novia. Eran los tiempos de la República. El matrimonio quedó reflejado como Antonio y M.ª Luisa.

Un año después comienza la guerra civil española. Antonio es reclutado bajo el nombre de Emiliano, según aparece oficialmente en el Registro Civil Español y en su hoja de reclutamiento. Sin embargo, cuando le preguntan, siempre dice que se llama Antonio.

Su mujer, embarazada, se va a vivir a la casa de sus padres, en el pueblo vecino. Allí da a luz y, al nuevo niño, lo registra, su abuelo materno, en el juzgado de la ciudad donde viven, con el nombre de Antonio, hijo de Antonio y M.ª Luisa. Sin embargo, el Registro Civil sigue reflejando, de forma oficial, que ese bebé llamado Antonio, era hijo de Emiliano y Mª Luisa. Pues Emiliano es el nombre oficial del padre, a pesar de que sigue diciendo que su nombre es Antonio.

Pasan los años, termina la guerra civil. Antonio vuelve del frente y es encarcelado como preso político. El primer problema surge cuando M.ª Luisa intenta visitar a su marido en la cárcel y le deniegan la visita alegando que están solteros, pues el matrimonio civil que habían celebrado durante la República no lo reconoce el Régimen de Franco. La solución es casarse de nuevo y en esta ocasión les dicen que tienen que hacerlo por la iglesia.

La ceremonia se realizó en el Convento de la Agustinas de Murcia, lugar que en esos momentos fue habilitado como cárcel para presos políticos. Según el acta del matrimonio religioso, M.ª Luisa, casada con Antonio aporta, al nuevo matrimonio, un hijo llamado también Antonio.

Por otro lado, en el Registro Civil del pueblo natal de Antonio, a donde nunca fueron, porque ya no vivían allí, sigue registrado como Emiliano y figuraba también como soltero, pero esto es otra cuestión.

El caso es que pasó el tiempo y tras cumplir su condena de cuatro años, Antonio sale de la cárcel y tienen tres hijos más que son registrados como hijos de Antonio y M.ª Luisa, en el pueblo donde residen.

Antonio, el hijo mayor del matrimonio se marcha con un tío suyo que emigra fuera de España, con la finalidad de cursar estudios Universitarios, pues sus padres no podían costearle esos estudios. Una vez terminada la carrera, debe convalidar su título en España y necesita presentar el acta de nacimiento con el fin acreditar que era español y entonces llega la ¡Gran Sorpresa!

El chico presenta la documentación que obra en su poder y desde la Embajada le responden que los datos oficiales que figuran en el Registro Civil Español, no coinciden con los datos que figuran en su carnet de identidad ni con la documentación que él aporta, por lo que debe aclarar en primer lugar, quién es su padre. Aquello fue peor que una ducha de agua fría en invierno.

Una vez que comienzan a indagar, averiguan que los datos oficiales que figuran en el Registro Civil Español reflejan que Antonio, era hijo de Emiliano y M.ª Luisa, en lugar de Antonio y M.ª Luisa como él reflejaba en su documentación del DNI y Pasaporte…

Entonces deciden ir hasta la iglesia del pueblo natal donde fue bautizado Antonio, el padre, bajo el nombre de Emiliano. El párroco, que era natural de ese pueblo, sabía perfectamente que allí la gente, solía inscribir a los niños con un nombre, mientras que era conocido por otro nombre distinto. En este caso a Emiliano le llamaban Antonio. Aquello fue un lío increíble, pues una misma persona figuraba con nombres diferentes, según el Registro Civil o Religioso.

El párroco aporta una solución y certifica que ese niño, nacido en el año 1913, se llamaba en realidad Emiliano-Antonio, con lo que se solucionó el gravísimo problema, que básicamente consistía en que mientras M.ª Luisa, estaba casada, por lo civil, con un tal Emiliano y del que tenía un hijo llamado Antonio, estaba casada al mismo tiempo por la iglesia, con un tal Antonio, con quien tenía tres hijos. Por lo tanto, de forma oficial, el hijo llamado Antonio, era hijo de Emiliano y no de Antonio.

Paralelamente, los tres hermanos pequeños tuvieron que firmar y declarar ante el juez que “ese hombre que vivía en su casa”, conocido como Antonio, y ahora según los papeles oficiales se llamaba Emiliano, se había portado con ellos como su verdadero padre y tuvieron también que declarar y reconocer al chico mayor, Antonio, como su hermano mayor, que había convivido con ellos cuando eran pequeños.

Si bien los problemas oficialmente estaban resueltos, no eran igual en la casa. Esos momentos fueron de gran preocupación y angustia para M.ª Luisa, porque oficialmente aparecía como una mujer bígama al estar casada con dos hombres distintos, un tal Emiliano de quien tenía un hijo y un tal Antonio de quien tenía tres, mientras que Emiliano-Antonio estaba soltero y sin hijos.

Aquello trajo consecuencias familiares. Antonio siempre había sido una persona muy jovial y a quien le gustaban las bromas y con todo esto, se lo estaba pasando de lujo. Por esa razón, si su mujer le decía algo que a él no le gustaba, siempre terminaba replicando en plan de broma, con el mismo retintín, –¡Cuídame bien que estoy soltero y sin hijos!, mientras que tú, estás casada con dos hombres y tienes hijos de los dos.

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