Educación pública y de calidad

Recientemente leí una noticia que me llamó la atención, no solo por el titular sino por el propio desarrollo de esta, decía así: “Un 30% de jóvenes ha abandonado sus estudios por motivos económicos”, una noticia que había sido publicada en la revista sectorial de educación ‘Magisterio’, por lo que lógicamente no dudé de su veracidad

Joaquín Castaño Balsalobre

Leí con atención la noticia y me surgieron las siguientes reflexiones que quiero compartir con vosotros. 

En los últimos años la inversión para becas se incrementa un 39,6% desde 2018 y el número de beneficiarios sube un 24,5%.

La tasa de alfabetización ha aumentado en España de forma considerable desde 1981 más de 6 puntos, registrándose su mayor subida en la década de los 80.

Es palpable que en nuestro país las personas cada vez se encuentran más formadas y a su vez con mejor preparación para nuestro mercado laboral, pero el titular de que un 30% de los jóvenes abandona los estudios por falta de recursos económicos me hizo pensar que se deben seguir reforzando la inversión en la educación y sobre todo en la educación pública para que esta sea cada vez de más calidad y se convierta en un referente y en el eje vertebrador de todo el sistema educativo, ya que la enseñanza pública tiene que garantizar la cohesión social. El sistema no se puede convertir en un mercado educativo sin responsabilidad social, porque eso provocaría un aumento de la segregación escolar y una mayor desigualdad social.

Se debe continuar con el incremento de la financiación educativa para garantizar un servicio de calidad, a mi juicio se debe ampliar la oferta de actividades complementarias y extraescolares e incrementar la creación de centros integrados de educación que comprendan todos los niveles escolares.

La política de la gratuidad de las tasas universitarias al 99% para los aprobados iniciada en CCAA como Andalucía y Extremadura, hace que cualquier ciudadano sin depender de sus recursos económicos tenga la oportunidad de acceder y tener una formación.

Se debe seguir apostando por la escuela pública con el fin máximo de generar la misma igualdad entre unos y otros y no por su nivel de renta.

Dicho eso, me encantó ver a la nueva ministra Diana Morant decir que siempre ha tenido muy presentes las palabras de sus padres: “Nunca olvides de dónde vienes”, siguió diciendo que en Gandía su familia, de clase trabajadora, y que sus abuelos fueron ‘criados de los señoritos de Gandía’; o que su padre fue electricista. Pero el hecho de que contara esas historias en su primera entrevista como ministra no fue otro que poner en valor la fuerte transformación que ha sufrido este país gracias a la contribución de los gobiernos del PSOE, concretamente en áreas como la sanidad o la educación, y es ahí en donde los ciudadanos podemos ser más libres. Gracias a la aportación de las políticas educativas socialistas un hijo de un criado, o de una costurera pueden ser ministros de este país, y es ahí en donde se da la verdadera revolución social. Esto era impensable hace unas décadas ya que los hijos de los trabajadores estaban condenados a seguir el oficio de su padre o, con mejor suerte, algún empleo menos precario, pero era difícil encontrar a un hijo de un trabajador ser ministro.

Hay gentes de derechas que todavía no asumen eso, y hasta incluso les molesta ver que un hijo o un nieto de personas modestas sea directivo en empresas, gentes con unos currículos brillantes, dejando a un lado la sana costumbre de este país de ascender en lo laboral por ser familiar de alguien.

Pues sin duda esa es la España en la que yo creo y en la que quiero que mis hijos se críen, en una España que dé oportunidades a todos, generando igualdad e inversión en la escuela pública, en la escuela de todos que pagamos con nuestros impuestos y no en aquellos espacios educativos que solo piensan en el negocio con el concurso también de nuestros impuestos y que tristemente en algunos territorios avanzan en detrimento de la Pública y con el único fin de no generar igualdad sino el capricho de unos pocos.

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