Covid vaccines

Juan Pedro Ruiz Guerrero

La enfermedad conocida como COVID-19 se identificó en diciembre de 2019 en Wuhan, capital de la provincia de Hubei, en la República Popular China y que se extendió por todo el planeta en 2020. El virus SARS-Covid-21 es el responsable del COVID-19. Después de un año de desarrollo, varias farmacéuticas sacaron una supuesta vacuna. Hoy en día podemos elegir entre la Sputnik V, desarrollada por el Centro Gamaleya, con fondos del gobierno Ruso; la de Pfizer/BioNTech; la de Moderna; la Janssen (filial de Johnson & Johnson recientemente condenada por intoxicar a miles de mujeres por no quitar amianto en polvos de talco); la de Oxford/AstraZeneca; y la Cor-V, de Sinopharm, desarrollada Beijing Bio-Institute of Biological Products Co. Ltd. 

No siendo científico no puedo comentar si el virus se escapó de un centro biológico chino, ubicado en Wuhan, o se transmitió de un animal a una persona en un mercado de Wuhan donde se venden animales exóticos (aunque se sabe que existen laboratorios biológicos donde se desarrollan virus para una posible guerra bacteriológica en los países “desarrollados”). Quizás un día lo sepamos. 

Una cosa que si puedo comentar es el hecho que la vacuna de Sinopharm se desarrolló con el virus inactivo.2 Es decir, como siempre se han desarrollado las vacunas, como las del sarampión, polio, etc. Esto permite al sistema inmunológico reconocer el virus y, si la persona vacunada se infecta con un virus activo, permite al sistema desplegar todos sus activos para combatir la infección. La revista The Lancet (quizás la revista de medicina más prestigiosa del mundo), informo que la vacuna era segura y bien tolerada por los participantes del ensayo. Cabe notar que faltan datos publicados para respaldar la vacuna CorV y que la opinión de los investigadores de The Lancet están basados en solo la fase 1/2 en la cual participaron solo 600 voluntarios.3 Los efectos segundarios eran: dolor de cabeza; cansancio; fiebre y dolor en el punto de inyección.4 

Las vacunas contra la COVID-19, se pueden clasificar según el vector que utilizan para introducir el material del SARS-CoV-2. El vector puede ser una versión inactivada del propio coronavirus (CorV), otro virus (generalmente un adenovirus) al que se le ha insertado (ARN)5 del SARS-CoV-2, o bien ARN mensajero solo (ARNm). 

Se estima que un 2% de personas tiene reacciones alérgicas a las vacunas de ARNm COVID-19, como las vacunas Pfizer-BioNTech y Moderna. La primera dosis de la vacuna Oxford/AstraZeneca conlleva un “pequeño” riesgo6 adicional de coágulos de sangre raros con plaquetas bajas. Algunas personas han desarrollado el síndrome de Guillain-Barré, un trastorno neurológico que causa debilidad muscular y parálisis, después de recibir las vacunas Johnson & Johnson o Oxford-AstraZeneca. También es importante notar que estas “vacunas” no protegen contra la infección, si no que suelen reducir la intensidad de la infección de manera que no tengas necesidad de hospitalización. (Fuente: New England Journal of Medicine) El hecho es que se estima que Pfizer, Johnson & Johnson, BioNTech y AstraZeneca ganaran unos 445 mil millones entre 2020 y 2022 con las vacunas, con beneficios netos de unos 131.4 mil millones. Y esto antes de tener en cuenta las muchas variantes que se van desarrollando y quizás necesiten más inyecciones u otras vacunas. Por último, cabe recordar que estas vacunas han sido aprobadas condicionalmente, y ninguna agencia medica nacional ha dado la aprobación final, sea la CDC (EE. UU) o la EMA (UE). 

La mayor preocupación con este tipo de vacunas, más que su seguridad, ha sido su inestabilidad, su baja eficiencia para introducirlas en las células y que expresen el antígeno. También ha preocupado el hecho de que el ARN puede estimular reacciones inmunológicas de tipo inflamatorio, por lo que todos estos factores han limitado en parte su desarrollo. El ARN es una molécula muy inestable que requiere condiciones de mantenimiento extremas (de menos 80℃), se degrada muy fácilmente por enzimas y no se internaliza de forma eficiente.7 

Cabe notar que el Covid no es una enfermedad nueva, sobre todo en animales. Así se han producido vacunas contra varias enfermedades causadas por coronavirus para uso animal, incluido los coronavirus aviar, canino y felino. Los proyectos anteriores para desarrollar vacunas para los virus de la familia Coronaviridae que afectan a los humanos se han dirigido al síndrome respiratorio agudo grave (SARS) y al síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS). 

Pero es que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con la colaboración de la empresa biotecnológica Biofabri (del grupo Zendal) está desarrollando una vacuna que la revista The Lancet ha declarado 100% efectiva y sin efectos segundarios. La revista Journal of Virology previamente concluyo que la vacuna había demostrado su eficacia (100% efectiva) en modelos de ratones humanizados, y estaba lista para seguir avanzando hacia las pruebas clínicas.8 ¿No les parece extraño que los medios informáticos no publican casi nada sobre esta vacuna y su desarrollo? ¡Y es que ya participan 24 países (Kazajistán, Tailandia, Indonesia, Vietnam y Bélgica, entre otros) participan en 64 ensayos clínicos de vacunas!9 

Eso sí, el 1 de agosto (2021) se publicitaba en el periódico digital El Español, sin aportar fuentes, el “hecho” que, durante los ensayos en animales, falleció un macaco por una grave afección pulmonar.10 Esta información ha sido desmentida radicalmente tanto por el CSIC como por Mariano Esteban, líder del proyecto y quien dirige el laboratorio de poxvirus y vacunas del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC). (Esta última fase de la investigación se desarrolló en el Centro de Investigación Biomédica en Primates de Rijswijk , en Países Bajos.)11 

Esta vacuna sigue tres vías de desarrollo: 1) desarrollar un virión sintético al que se le han eliminado sus genes de virulencia mediante ingeniería genética, 2) colocar un gen de un antígeno del SARS-CoV-2 en un vehículo sintético de ADN (un plásmido) que pueda ser introducido en el organismo del paciente e inducir la protección frente a la infección, 3) utilizar una proteína del virus e incorporarla en otro virus que sirve de vehículo para estimular la respuesta inmune. Esta última versión es la que, de momento, más promete para protegernos del virus sin efectos segundarios.12 

Esta vacuna española debía empezar sus ensayos en seres humanos al final del mes de agosto. Pero la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), el domingo 1 de agosto 2021, denegó sin dar motivos la autorización de iniciar los ensayos con humanos. Como la noticia se dio un fin de semana, se espera a que la Agencia aclare el motivo de denegar la autorización a los ensayos en humanos. 

Desde mi punto de vista, la decisión de vacunarse o no es muy personal. Pero una vacuna con posibles efectos segundarios graves (muchos de los cuales no se conocerán hasta varios años), y que ni protege a la persona vacunada de ser infectada de nuevo, no me parece una solución efectiva. Las últimas noticias indican que la vacuna española protege un 100% frente a la infección del SARS-CoV-2. Eso es muy importante. Protege frente a la enfermedad, frente a la letalidad y frente a la replicación del virus. Se podría pensar que tal vacuna no interesaría mucho a las grandes farmacéuticas, pues entonces no pondrían vender más “vacunas” pues se evitaría las próximas olas de infección. Y por si no es suficiente, las farmacéuticas Pfizer y BioNTech acaban de anunciar una subida del 25% del precio de sus vacunas, mientras que Moderna anunciaba una subida del 10% de su vacuna. Estos ingresos adicionales son el resultado del poder de mercado, no de costos más altos. De hecho, se puede suponer que, a medida que van fabricando más productos, los costes disminuyen. Al mismo tiempo, estos monopolistas de las vacunas no están produciendo suficientes dosis para vacunar al mundo, porque se centran en la producción para vender a los países ricos, en lugar de acabar con una pandemia, lo que permite al virus desarrollar mutaciones, lo que necesita nuevas dosis, y así en un ciclo infernal. También cabe recordar que las farmacéuticas siguen exentas de demandas judiciales por posible daños y perjuicios causados por una vacuna. 

Entonces, por un lado, podemos pensar que las agencias de salud pública y los gobiernos están tratando de utilizar las herramientas que tienen para lidiar con un colapso de la capacidad social normal en el contexto de esta pandemia. Por otro lado, las herramientas más importantes que tenemos, las vacunas que han erradicado varias enfermedades, están controladas por ejecutivos que no tienen obligación pública alguna y cuya misión es maximizar sus beneficios. 

En mayo, la administración Biden trató de evitar tal situación, apoyando una exención de propiedad intelectual en la Organización Mundial del Comercio para las vacunas contra el Covid. Dicha exención suspendería los derechos de monopolio y permitiría a las empresas de terceros utilizar diseños industriales, patentes o derechos de autor sin necesidad de permiso de las farmacéuticas. Las farmacéuticas seguirían ganando decenas de miles de millones de dólares en regalías. sin embargo, no podrían controlar quién fabricaba las vacunas. Esto haría más probable que la pandemia se controle, lo que significa que su mercado de vacunas eventualmente se reduciría. No es de extrañar que la industria farmacéutica se opusiera con vehemencia al plan. Y no solo las farmacéuticas, pues Alemania y la UE están bloqueando esa solicitud, y la exención debe adoptarse por unanimidad. 

El problema es que ya estamos en la variante Lambda, la cual contiene tres mutaciones en sus proteínas espigas (spike protein)13 que la hacen más infecciosa que el virus original. Otras dos mutaciones en sus proteínas espigas lo hacen aproximadamente un 150% más resistente a los anticuerpos producidos por las vacunas hoy en el mercado. 

Israel fue uno de los primeros países en vacunar si populación de tal manera que se relajaron las restricciones. Pero recientemente experimento un número creciente de casos de COVID-19 de la variante Delta que llegaron a 3.260 nuevos casos diarios, el nivel más alto de casos nuevos en el país desde marzo. Así que se reintrodujo nuevas restricciones que requieren el uso de máscaras en reuniones al aire libre de más de 100 personas. También se desaconseja el contacto cercano, como los abrazos y los besos, y la socialización en interiores. Las personas que cuidan a un niño infectado menor de 12 años tendrán que aislarse y la mitad de los trabajadores del sector público trabajarán desde casa. También se alienta a las empresas privadas a permitir el trabajo a distancia.14 

Una proteína espiga, es una glicoproteína: es decir que además de los aminoácidos que forman a una proteína, en su estructura tiene carbohidratos. Se ha descubierto que las glicoproteínas de la superficie del coronavirus tienen afinidad por la enzima convertidora de angiotensina 2, ACE2. Esta enzima es un tipo de proteína que está presente en la membrana de las células de los pulmones, arterias, riñón e intestino. Lo que explicaría los órganos y sistemas más afectados por el Covid-19. Pero ahí no acaba el trabajo de la proteína espiga: después de que se une a la ACE2, pone en marcha un mecanismo que ayuda a cortar la membrana celular. Esas “tijeras moleculares” que despliega el coronavirus, le permiten introducir su material genético a la célula. Una vez dentro, usa el ADN celular para hacer copias de sí mismo. Cuando hay demasiados virus, la célula se rompe, los virus salen e infectan más células. Así que la proteína espiga es el mecanismo que le permite al SARS-CoV-2 mantenerse circulando en la población: su acción tiene que ver con el grado de contagio.15 

El virus que causa el Covid-19 es como cualquier otro virus, el cual forma parte de una familia de virus de ARN, que cuyo material genético está protegido en una envoltura que consiste en una membrana de lípidos, similar a la membrana celular. Como no tienen metabolismo y aunque tienen material genético, no se pueden reproducir por sí solos. Los virus usan la maquinaria genética que tienen las células para reproducirse. Por eso necesitan entrar a ellas, infectándolas. 

Las mutaciones no son una decisión del virus: ocurren al azar, y por selección natural conservan las que dan una ventaja evolutiva: en este caso pasan de una generación a otra, pues le dan al virus una mayor capacidad de replicación, y por lo tanto de contagio. 

Quizás esta pandemia nos permita decidir si queremos una democracia real más del objetivo de los directivos de maximizar sus ingresos, aunque sea al coste de la salud de los ciudadanos. Y hasta ahora, no hemos tomado esa decisión. Mientras tanto, cuidado y ánimo. 

Notas.

 1 SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome) es una enfermedad respiratoria viral causada por un coronavirus, llamado coronavirus asociado al SRAS (SRAS-CoV). La primera vez que se informó sobre el SRAS fue en Asia en febrero de 2003. A los pocos meses, la enfermedad se propagó en más de dos docenas de país en Norteamérica, Suramérica, Europa y Asia antes de que se pudiera contener el brote global de 2003. (Fuente: CDC) 

2 El virus desactivado es tratado con una sustancia química llamada beta-propiolactona. Esta sustancia química se une al material genético del virus y evita que se replique y cause COVID-19. La vacuna también contiene un adyuvante en forma de hidróxido de aluminio. Los adyuvantes ayudan a fortalecer la respuesta inmunitaria del cuerpo a las vacunas. (Fuente: Medical News Today) 

3 Suelen haber tres fases en el desarrollo clínico de un producto farmacéutico.(https://tinyurl.com/3pwyfrmz) 

4 https://www.thelancet.com/journals/eclinm/article/PIIS2589-5370(21)00290-X/fulltext 

5 El ácido ribonucleico (ARN) es una molécula similar a la de ADN. A diferencia del ADN, el ARN es de cadena sencilla. Una hebra de ARN tiene un eje constituido por un azúcar (ribosa) y grupos de Pfizer-BioNTech y la de Moderna utilizan ARNm. Las vacunas de Oxford-AstraZeneca, Sputnik V, y Janssen utilizan otros vectores. 

fosfato de forma alterna. Unidos a cada azúcar se encuentra una de las cuatro bases adenina (A), uracilo (U), citosina (C) o guanina (G). Hay diferentes tipos de ARN en la célula: ARN mensajero (ARNm), ARN ribosomal (ARNr) y ARN de transferencia (ARNt). (Fuente: NIH) 

6 8,1 por cada millón de vacunados, rebajando a 2,3 por millón después de la segunda dosis. 

7 National Geographic.  

8 En este caso, se utiliza una cepa muy atenuada del virus MVA (el virus vaccinia modificado de Ankara, que se utilizó para erradicar la viruela) para expresar la proteína S completa del SARS-CoV-2, que es la llave que permite la entrada del coronavirus en las células humanas. Incorporada en el vehículo MVA, esta proteína se produce tan pronto como el virus penetra en la célula y es la que enseña al sistema inmunitario cómo debe reconocer al coronavirus real y cómo debe eliminarlo. La vacuna produce altos niveles de anticuerpos IgG específicos frente a la proteína S del coronavirus y a su dominio de unión con la proteína ACE2 que sirve de receptor de las células humanas. Además, las muestras serológicas de los ratones vacunados neutralizaron de forma muy potente al SARS-CoV-2 en cultivos celulares. (Fuente: CSIC) 

9 https://tinyurl.com/4vpey746; https://tinyurl.com/r4j982tz 

10 https://tinyurl.com/b6kfjt8 

11 https://tinyurl.com/ycee454p 

12 https://tinyurl.com/5eya7nhm  

13 Una proteína espiga es la parte de un virus que le permite adherirse a una célula humana.

14 https://tinyurl.com/rb94zuxv 

15 https://www.fayerwayer.com/2021/08/coronavirus-por-que-es-tan-importante-la-proteina-espiga/  

 

 

 

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