Aproximación desde la psicología a la homofobia

María Guirao – Psicóloga

El pasado domingo 3 de julio fue asesinado Samuel Luiz, lo mataron dándole una paliza entre 13 personas. Se han llevado a cabo diversas manifestaciones en diferentes ciudades de España condenando este tipo de actos en contra de las personas dentro del colectivo LGTBI+. Soy consciente que el tema que me gustaría exponer en esta ocasión puede tener un carácter sensible, aunque es muy importante reflexionar sobre lo ocurrido ya que creo que el asesinato es ‘la punta del iceberg’ entre los numerosos actos de odio al colectivo que están sucediendo en la actualidad.

En los últimos años el número de agresiones relacionadas con delitos de odio impulsadas por cuestiones de ideología, racismo y xenofobia han aumentado un 45%, según el Ministerio del Interior. En concreto en agresiones homófobas según organizaciones como la LGTBIPol, asociación de fuerzas del estado la cual una de sus funciones es la defensa de los colectivos vulnerables frente a los delitos de odio, aseguran que hay un incremento muy sustancial en agresiones tanto físicas como verbales al colectivo LGTBI.

Dejando a un lado de momento el panorama español, desde diferentes países nos llegan noticias que discriminan de forma directa al colectivo. Como por ejemplo la ley redactada recientemente en Hungría que prohíbe hablar en las escuelas de diversidad sexual.

Desde el campo de la psicología social se ha escrito mucho sobre homofobia y de dónde puede venir la causa. Se considera muy seriamente la posibilidad de que se mantienen estos prejuicios como resultado de mecanismos de defensa que llevan al individuo a enfocar su odio hacia colectivos minoritarios. También se ha estudiado que la homofobia no solo afecta muy negativamente a las personas que la sufren, sino también a las personas que son homófobas. Puesto que estas personas van a mantener limitaciones en su concepción de roles de género, disminuyendo así su capacidad de expresar diversidad en su propia sexualidad. También pueden mantener dificultades a la hora de desarrollar su propia identidad sexual. Estos dos puntos anteriores están directamente relacionados con la salud afectivo sexual de las personas.

Considero que muchas de estas conductas, actitudes y sentimientos negativos hacia el colectivo LGTBI son aprendidas, puesto que no nacemos con prejuicios depende mucho de la educación y de nuestras experiencias. No ayuda a estos sentimientos y actitudes el pensamiento de que dar información o realizar talleres de educación afectivo sexual o talleres de diversidad sexual afecta negativamente al desarrollo sexual de las personas, puesto que es algo rotundamente falso. Dar una información de calidad y con contenidos adaptados a la edad del público no dificulta su crecimiento, todo lo contrario, le ayuda a ver que existen diferentes realidades y a poder empatizar y respetar a los demás por ello.

Para terminar, me gustaría hacer una reflexión que aprendí durante mis años de formación en la facultad de psicología y es la siguiente: no podemos olvidar que, en el caso de los prejuicios, cuando señalamos a una persona con el dedo índice también hay tres dedos que nos señalan a nosotros mismos a la vez, y es que quizás lo que podamos odiar tampoco lo toleremos bien en nosotros mismos.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email