La Procesión de las antorchas, la leyenda de la muda y el escudo de Cieza

Francisco Javier Salmerón Giménez

Uno de los acontecimientos históricos más importantes ocurridos en Cieza, el más dramático sin duda, estuvo motivado por su escasez de elementos defensivos, destruidos en las luchas civiles ocurridas tras la ocupación castellana, lo que dejó a la villa, situada en la frontera con el reino nazarí, sin ventajas defensivas importantes que oponer a una posible razzia o invasión.

Como la que se produjo en los primeros días de abril de 1477 cuando tropas nazaríes mandadas por Abu-l-Hassán llegaron hasta Cieza, robando, matando y haciendo rehenes con los que conseguir rescates. Todo parece indicar que la acción fue organizada como una represalia por las acciones realizadas por el Adelantado Pedro Fajardo, quien había corrido la frontera en incursiones de castigo. Además había aprisionado a 100 musulmanes que navegaban en un barco que se vio obligado a atracar en Cartagena y que el Adelantado no quiso devolver (Isabel García Díaz: El saqueo de Cieza en 1477. Historia y Leyenda).

Tan impactante acontecimiento era necesario mantenerlo en el recuerdo y para transmitirlo el relato adoptó la forma de una leyenda en la que junto a elementos reales se introdujo con los años un elemento de carácter extraordinario, pues cuenta la conocida como leyenda de la muda que cuando todos los ciezanos se encontraban reunidos en misa por ser domingo de resurrección, quedando al margen sólo una mujer muda, esta se percató de la presencia de las tropas enemigas al otro lado del Segura y comprobando que sus paisanos no entendían los signos que realizaba con las manos, gritó en alto y de modo milagroso: “Moros vienen”  para avisar a todos del peligro.

Estos acontecimientos históricos, transmitidos por las sucesivas generaciones de ciezanos en forma legendaria, se vieron reflejados también en una tradición popular: la procesión de las antorchas. Durante mucho tiempo en la noche de difuntos, el 1 de noviembre, los ciezanos recorrían en procesión el trayecto existente entre las dos iglesias, la Iglesia Nueva (la de la Asunción) y la Iglesia Vieja (la de san Bartolomé) en una imponente manifestación con la que año a año intentaban mantener en el recuerdo a aquellos que murieron en el saqueo e incendio de la villa por parte de los musulmanes granadinos.

En la Descripción y relación de la villa de Cieza realizada en 1579 a instancias del gobierno de Felipe II se describe con algún detalle esta tradición después de señalar que en el momento de los hechos que se conmemoraban la iglesia se encontraba “en la plaça mayor de la dicha fortaleza que decían el castillo que está entre la muralla principal y contra muralla y cara de la dicha fortaleza”. Según esta descripciónansi el día de los difuntos se va en procesión desde la iglesia nueva que de presente hay en esta villa hasta el dicho cortijo e iglesia vieja y se dicen muchos responsos y se hacen grandes ofrendas por las almas que allí y en el dicho cautiverio murieron”.

El recuerdo de los paisanos muertos en el enfrentamiento y también de aquellos trasladados a Granada a la espera de que sus familiares pudieran reunir un rescate mantuvo una tradición que el tiempo se ocupó de borrar como sucede con frecuencia en Cieza y que sería recuperada por el colectivo Cauce en el año 1999.

En el escudo de Cieza comprobamos la existencia de los elementos documentados en la historia y recordados mediante la leyenda: un puente sobre el río Segura, una torre y un texto explicativo. Aunque debemos preguntarnos si el escudo surgió para contar la leyenda o la leyenda constituyó una explicación racional del escudo.

El relato de fray Pasqual Salmerón, primero en hacerse eco de la leyenda, parece indicar que primero fue el escudo, inventado posiblemente en el siglo XVII, puesto que no se ha documentado ninguna representación del escudo ciezano ni en papel ni en piedra durante los siglos medievales y las pocas cartas conservadas del Concejo de Cieza no llevan sello. Según Joaquín Salmerón y Remedios Sancho la primera representación en piedra del escudo de Cieza data de 1716.

En cualquier caso, leyenda, escudo y tradición popular parecen formar una unidad muy difícil de separar.