El machismo mata

Joaquín Castaño Balsalobre

Hay algunas noticias que no dejan de sorprenderme. Cuando abro el periódico y leo: “La Región de Murcia es la comunidad española con mayor número de víctimas de violencia machista por cada 100.000 habitantes”

Con total sinceridad estas noticias me apenan, me ponen de mal humor y me resisto a pensar que eso pueda ser así, pero los datos son los datos y sigo buscando noticias relacionadas con el tema y me sale lo siguiente: “La Región de Murcia es la comunidad española con mayor número de víctimas de violencia machista por cada 100.000 habitantes, 19,7, según los datos del primer trimestre de 2021 del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La media nacional es de 14,2 y también la superan Baleares (18,5), Comunitat Valenciana (18,3), Canarias (18,2), Andalucía (16,1) y Madrid (15,6), mientras que las proporciones más bajas se registraron en Castilla y León (9,6), Aragón (10) y Extremadura (10,1)”.

Esta información, para más inri, sale en un momento en el que la violencia machista, sí, violencia machista, he dicho bien, está en sus cotas más altas, después de conocer los terribles asesinatos de una chica de Sevilla y el asesinato del padre a Anna y Olivia, esas niñas tan indefensas que han sido víctimas de la violencia machista, de la violencia vicaria, solo con el objetivo de hacerle daño a la madre. Y es que la consternación por los acontecimientos debe conducirnos a hacer una profunda reflexión en esta sociedad en la que, tantas veces, hay alguna formación política niega la mayor, como es el caso de VOX, que niega que exista violencia machista. El negar la realidad no hace que se sigan cometiendo estas atrocidades.

Estos asuntos necesitan de una profunda reflexión y se debe abordar un problema que existe en nuestra sociedad, y que seguramente pasa desapercibido, pero que está ahí. Oigo hablar en estos casos a algunas personas que, además de negar la mayor dicen: “En contra de cualquier violencia venga de donde venga”, en principio la premisa está bien, la violencia es violencia proceda de donde proceda, pero sin darnos cuenta, esa afirmación encierra un blanqueamiento y una equidistancia al meter en el mismo saco a todas las ‘violencias’ y, sin duda, los datos son los que son, la violencia machista mata, según los datos que recoge el Observatorio contra la Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial.

Y es que hay veces que la ignorancia es tan atrevida que algunos se plantean equiparar el ‘machismo’ con el ‘feminismo’, y claro, desconocen que ambos términos no son antónimos, ya que la definición de ‘machismo’ dice: “Actitud o manera de pensar de quien sostiene que el hombre es por naturaleza superior a la mujer”. Y la definición de ‘feminismo’ es: “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”.

En la mayoría de ocasiones hay gente que intenta equiparar el machismo con el feminismo, cuando realmente de lo que quieren hablar es de ‘hembrismo’, que es el antónimo de ‘machismo’.

Pero bueno, realmente lejos de las terminologías, la situación en la que se encuentra nuestra sociedad con el problema de la violencia machista es preocupante, y es preocupante porque mata a personas, ejerce violencia y castiga a un sexo sobre otro por el simple hecho de ser mujer, y eso es un problema que nos debe hacer reflexionar, porque realmente la violencia o el asesinato hacia una mujer es quizá la punta del iceberg y, sin ser conscientes en la mayoría de ocasiones, la sociedad adopta una serie de roles que poco a poco van generando un problema hacia la mujer, que en la mayoría de ocasiones se siente atacada y no necesariamente tiene que ser la violencia física, sino que existen otros niveles de violencia o la psicológica la que hace que una mujer cobre menos que un hombre por ocupar un mismo puesto de trabajo. La gran perjudicada es siempre la mujer cuando tiene que renunciar en la mayoría de ocasiones a su carrera profesional si quiere tener hijos…

Vamos, un sinfín de obstáculos que tienen las mujeres por delante, y es cierto que en los últimos años las leyes aplican la discriminación positiva hacia ellas, pero queda un largo camino por recorrer.

El único camino posible es no negar la mayor, abordar el problema de raíz, erradicar ese ‘machismo’ galopante que existe en algunos sectores y que se blanquea continuamente, acompañarlo con leyes que favorezcan la igualdad y de lo que no me cabe duda es de la ardua tarea que tenemos por delante en la formación como personas de nuestros más pequeños, de formarlos en una educación en valores, en los valores de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y por supuesto en el empoderamiento de las niñas y mujeres.