Vocación

Me ha costado muchos días ser capaz de sentarme a escribir estas líneas. El folio en blanco me recordaba, como una irónica alegoría, aquello en lo que el periodismo patrio se ha convertido con la pérdida de David Beriáin

Beriáin era un brillante periodista, pero además era -y seguirá siendo- una inagotable fuente de inspiración y vocación por esta profesión, tan ingrata a veces como su pérdida nos demuestra. En mi caso, es el principal responsable de que me decidiera a estudiar esta carrera universitaria.

Desde aquel trágico 28 de abril en el que un tuit me sorprendió con una noticia que no quise creer y que minutos después confirmaba una cascada de publicaciones en múltiples medios nacionales e internacionales que me dejaron en shock unas cuantas horas, he recordado cada día, mientras repasaba la agenda de la facultad con un café en la mano a primera hora de la mañana, aquel día en el que uno de los trabajos de David me asaltó.

Era un día de invierno, estaba en un piso de estudiantes en la capital de mi región que pronto dejaría, ya que semanas antes había decidido abandonar la carrera de historia, que llevaba años queriendo cursar, ante la tremenda decepción de lo que me había encontrado y las poco atractivas posibilidades de futuro que me ofrecía. Me encontraba en medio de una deriva existencial, propia de un joven que no sabía que hacer con su futuro y al que atormentaba la decepción de descubrir que aquello que siempre había pensado que le encantaría no era para el. En mitad de aquel mar de dudas, apareció uno de los trabajos de David como si de un faro en mitad de la noche se tratara. Todavía recuerdo algunas escenas del reportaje, aunque el paso del tiempo ha desvanecido su contenido en mi memoria. Sin embargo, recuerdo a la perfección lo que sentí ante aquella obra, magistral a los ojos de aquel bisoño aficionado que era por entonces. La valentía que vi en David despertó en mi una curiosidad que fue creciendo con el paso de los días, mientras investigaba sobre su trabajo y sobre contenidos similares en unos días posteriores que consistieron en bucear en internet informándome sobre reporterismo de guerra y periodismo y café, mucho café.

El devenir de los meses hizo que aquella fascinación inicial cristalizara en que me acabara matriculando, a comienzo del curso siguiente, en periodismo con la ilusión e inocencia de cualquier novato en la materia. Aquel reportaje desencadenó mi historia de amor, con altibajos como todas, con el periodismo, que dura hasta hoy día siempre con David Beriáin como referente.

Con el paso de los años me he dado cuenta haciendo memoria de que esta pasión siempre estuvo latente en mí, como así confirman mis amigos y familiares que siempre acudían a mí para enterarse de lo que sucedía en el mundo, pero nunca olvidaré que fue David Beriáin quién descorchó aquella botella que se ha convertido en mi presente y mi futuro. Siempre intentaré honrar su memoria con mi profesionalidad porque siempre seguiré pensando que, además de buen periodista, David era -y seguirá siendo- una inagotable fuente de inspiración y vocación periodística.